viernes, 29 de marzo de 2013

[Drabble] Venganza. [Takabu]

Aquí traigo una pequeña historia que espero que les guste! Me ha quedado todo un poco chuchurrido~....





Pareja: Takabu [Takaki Yuya&Yabu Kota]
Extensión: Drabble.
Género: Ni idea...
Inspiración: Una canción de Celine Dion, aunque no es de este tema pero bueno, mi mente comenzó a divagar y a salido esto xD
Autora: Mimi-chan.



*Capítulo único.*

Mantenía la cabeza gacha, no podía levantarla, no podía mirarle. No cuando se encontraba ahí, a tan solo unos pasos delante de él y ni si quiera podía tocarlo. No se atrevía a mostrar su rostro, su culpabilidad se lo impedía, ese ardúo dolor en lo más profundo de su ser le decía que él era el culpable de que eso hubiese acabado así. De que el mayor ya no le sonriese, ya no le hablase y mucho menos quisiese.

Sabía que solamente él había podido arreglarlo, pero no se decidió. Sabía que el mayor lo daría todo por él, mas sin embargo no le creyó y le dejó hacer lo que quisiese, sin saber qué consecuencias podría traer para ambos. Miró sus manos, tenía la mano derecha echa un puño mientras que la otra la rodeaba dándole protección. Ahora mismo se sentía desprotegido, sin cariño, le necesitaba, quería abrazarle pero no podía y tampoco se lo podía permitir, no, no después de él ser el causante de esto.

Quién diría que le gran Takaki Yuya se sentiría así de desprotegido, él que podía acabar con una banda entera con él y un par de secuaces nada más. Él, el líder de las calles, al que todo el mundo temía, al que la gente se abría para que pasase, al que ni si quiera se atrevían a pisar por encima de la colilla de tabaco que él hubiese tirado. ¿Y ahora? ¿Dónde estaba ese Takaki Yuya tan seguro de sí mismo? ¿Qué no le tenía miedo a nada? ¿Dónde estaba en momentos como este? Ahora, cuando más necesitaba esa fotaleza que siempre tenía, no la encontraba por ningún lado. Tampoco tenía fuerzas para sonreír.

El dolor punzante seguía azotando su pequeño y mústio corazón, que ya estaba marchitado on la partida de su pareja. El único que había visto lo bueno en él, el único que tubo valor a decirle las cosas claras y sin miedo, el único que no le miró por su familia, sino por quién era él. El único que le enseñó el significado de amor, ese amor indescriptible que solamente se sentía una vez en la vida, esa clase de amor tan grande que te hace ser egoísta, mimado y caprichoso. Ese amor que a la vez que te hace todo lo anterior, te enseña a querer la felicidad de la otra persona por encima de todo.

Y eso afue lo que hizo él, dejó ir a la persona que amaba porque pensaba que así sería feliz. Y así solamente consiguió perderle y para siempre. Cerró los ojos fuertemente mientras el dolor en su pecho se intensificaba, recordar los buenos momentos vividos con Kota ahora era doloroso. Aunque eran buenos recuerdos, ahora le torturaban recordándole a ese ser perfecto que le sacó de la oscuridad con unos empujones suaves y alentadores. Consiguiendo que brillase sin tener que machacar a nadie.

Arrugó el ceño cuando recordó ese pasado tenebroso que tenía, cuando apaleaba a bandas enemigas por placer, cuando su vida se basaba en beber, pegar y domir, nada más. Pero desde que "el niño rico" había llegado no necesitaba nada de eso para poder rozar la felicidad con la punta de sus dedos.

Recordó a la persona que le había separado de Yabu, esa persona que osó tocar a Kota y delante de él, esa persona que había acabado matando lo poco que el mayor había reconstruido en su interior.  Esa persona que desde el mismo día que se metió en su camino le odiaba. Despreciaba a esa persona, realmente la detestaba por separarle de lo único que le daba sentido a su vida. Por culpa de esa persona ya no podría escuchar la armoniosa voz de Yabu, ni volver a ver esa cálida sonrisa, ni esos expresivos ojos, ni sentir el roce de su piel, nada.

Elevó la mirada con el ceño fruncido, estaba furioso, rabioso y con unos inmensos deseos de venganza. Sí, venganza. Se levantó de la banca interrumpiendo la charla del señor que hablaba tranquilamente para el resto de las personas que vestían todas de negro.

Salió de la Iglesia en donde se llevaba a cabo el funeral de Yabu, su sed de venganza no había cesado. A cada paso que caminaba se desabrochaba la camisa blanca que llevaba, sin quitarse la chaqueta negra a conjunto con su pantalón de traje. Cuando la hubo desabotonado entera, salieron a la luz unos impresionantes tatuajes de dragones que le cubrían todo el torso, además de la gran musculatura que poseía ese pecho. Algunas personas le miraban atemorizadas, pues esos dragones en su pecho solamente significaban una cosa "Yakuza".

Tenía claro su objetivo, mataría a ese hombre que se había atrevido a manchar sus manos con la sangre de Yabu. Lo mataría lentamente, y lo disfrutaría.


*Fin*

Espero que les haya gustado! >.<
Mimi-chan desta~!

martes, 26 de marzo de 2013

[Drabble] Despecho. [Chiitaro]

Hola~ Ayer en un momento sin internet y de aburrimiento me puse a plasmar esa idea que me rondaba la mente ya varios días... Espero que haya quedado bien y que les guste ^_^






Pareja: Chiitaro [Chinen Yuri&Morimoto Ryutaro]
Extensión: Drabble.
Género: No lo sé... 
Nota: No sé en qué me inspiré, pero espero que igualmente les guste. Claramente en mi cabeza era todo perfecto, pero como ya sabéis, me lío a la hora de escribir.. creo que ha quedado algo extraño... u_u
Autora: Mimi-chan.



*Capítulo único*

La tenue luz de los rayos solares perpetraba la oscuridad de una habitación pequeña y poco amueblada. Además de la pobre decoración en tonos tierra y alguna que otra humedad en la desgastada pared beige. Un moreno, echado en la pequeña y algo gastada cama, despertó poco a poco. Rodó la mirada percatándose de que se hallaba en un sitio desconocido. Se sentó en la cama haciendo rechinar los muelles del colchón y somier, dejando al descubierto su pálido pecho con alguna que otra marca morada a causa de la pasión desenfrenada de la noche anterior.

Arrugó el ceño al no comprender en dónde se encontraba. Su mirada se posó en el pequeño cuerpo que yacía a un lado de la cama, respiraba profunda y tranquilamente, mostrando que el joven estaba profundamente dormido. Era igual de moreno que él, pero su piel era de un tono más oscuro que el suyo. También dotaba de poca estatura, dado que sus pies quedaban al borde de la cama, mientras que las del dormido pasaban por poco la mitad de la larga cama.

Recuerdos fugaces le venían de la noche anterior. El sentimiento de despecho, el deseo por encontrar otro cuerpo, los profundos ojos negros del otro chico, la sonrisa de lado del pequeño, él dándole dinero a causa de sexo, su cara sonrosada debajo de su cuerpo sudoroso, sus agudos gemidos, esos gemidos que decían un nombre desconocido para él, pero que no era el suyo.

Se levantó de la cama nada cuando ya ubicó qué hacía ahí, y quién era su acompañante. Buscó unos segundos su ropa interior que debería estar regada por algún sitio de la habitación, la encontró en la esquina de la cama. La cogió y se cubrió sus partes con ella. Después volvió a buscar el resto de la ropa que fue encontrando poco a poco, poniéndosela según la encontrase.

Cuando acabó, miró el cuerpo que aún dormitaba en la desgastada cama. Era la primera vez que recurría a sexo pagado, pero se había sentido tan furioso y vengativo que se la quería pagar de alguna forma. No al prostituto, sino, a su "actual" pareja. Se había enterado de que hacía tiempo que mantenía relaciones sexuales con su ex, y se había sentido tan vengativo que quería pagarle con la misma moneda. Aún no se arrepentía, pero sabía que dentro de unas horas lo haría, pues era haber caído muy bajo.

Mantenía su mirada fija en ese pequeño cuerpo, impasible, tranquilo, despreocupado, feliz, inocente... Se quedó contemplando la tranquilidad con la que respiraba, haciendo que se calmase, pues haber recordado esos sucesos con su novio le había hecho sentir furioso. Siguió contemplando al moreno, era realmente bueno en su oficio, le había saciado completamente, liberado de esos malos pensamientos y sentimientos. No mintió cuando el mayor pronunció esas palabras "Con una buena noche, te haré olvidar todos los malos ratos." Y tanto que lo había olvidado, solamente ahora se acoraba de que tenía pareja.

Sonrió al recordar el buen momento que había pasado con él, sin duda era un Dios en el arte del sexo, no había probado nada igual y esta vez se había dado el lujo de ser él el activo, cuando siempre era el pasivo. Tal ver por eso le había sentado tan bien esa noche. Entre cerró los ojos en un deje de recordar el placer sentido, aún podía notar el roce de sus manos explorando cada parte permitida de su piel, sus ardientes labios besarle por todas partes, sus ardientes y necesitados cuerpos chocando el uno contra el otro.

Se dio la vuelta mientras mantenía esa sonrisa de total felicidad. Sacó su cartera del bolsillo trasero de su pantalón y sacó varios billetes para compensar, aunque ya le había pagado la noche anterior, era de esos que solamente recibía el dinero por adelantado. Y lo dejó en la mesa del salón, sin duda, no había dinero que pudiese pagar el placer que había sentido.

Y aunque tuviese novio, sabía que volvería a repetir, porque se había prendado de ese pequeño cuerpo.


*Fin*

Espero que les haya gustado, como siempre, me ha quedado extraño... u_u pero aún así lo publico para toturaros (?) xD
Mimi-chan desta~!

miércoles, 20 de marzo de 2013

[Oneshot] Lluvia. [TaDaiki]

Hola~! Mucho tiempo sin pasarme por aquí... u_u lo siento... pero aquí traigo una pequeña historia. Sí, pequeña, sé que he puesto one-shot, pero es que está entre el drabble y el one-shot, así que se queda en one-shot cortito, porque drabble... no sé... xD Yo lo dejo donde está por si acaso.. xD

Espero que les guste ~_~




Pareja: TaDaiki [Takaki Yuya&Arioka Daki]
Extensión: Oneshot corto... (demasiado creo yo xD)
Género: Triste... 
Inspiración: Aburrimiento en clase xD
Autor: Mimi-chan



*Capítulo único.*


¿Por qué tenía que pasar-le esto a él? No entendía qué había echo para merecer semejante castigo, era un dolor punzante, devastador y agotador. Agotador porque estaba cansado de siempre salir perjudicado él, de siempre tener que acabar triste. Era un dolor intenso y sofocante, de esos dolores que te corta la respiración por un leve momento, igual que cuando te das con el dedo pequeño del pie en un mueble. Pero mucho, mucho más tortuoso. Pues este dolor lo venía arrastrando de hace algún tiempo y todo ocasionado por la misma persona. ¿Cómo un dolor tan intenso podía venir de la persona que tanto amaba? ¿Cómo era que el ser que más amaba le hacía sufrir de esta manera? ¿Era lógico?  Porque no entendía que la persona que le podía hacer feliz con una sola mirada, le hacía sentir una fuerte angustia hasta el punto de costarle respirar.

Detuvo el correr y miró en todas direcciones para saber dónde estaba. Era un parque abandonado, de esos que hacía tiempo que no oían las risas alegres y vivaces de los niños, de esos que hacía tiempo nadie quería. Buscó un banco, el más apartado para sentarse solo, sin estar a la vista de nadie. Aunque era absurdo, porque a ese parque hacía tiempo que no iba nadie, solamente los drogadictos o las parejas que buscaban un rincón en el cual tener sexo.

Miró la Luna llena en lo alto de esa oscuridad, ¿cómo lo hacía para estar sola allí en lo alto, sin importarle nada, brillando como ella sola sabía? ¿Cómo era capaz? Él también quería poder brillar sin necesitar al mayor, quería poder buscar su propia felicidad y dejar de depender de los demás. Soltó un suspiro irónico, no podía, porque incluso la Luna necesitaba al Sol para poder brillar. No había ser que pudiese ser feliz si esa felicidad no dependía de los demás, no puedes pasártelo bien si estás tú solo y no puedes ser feliz si esa felicidad no es ocasionada por alguien más. 

Las nubes negras, que en ese momento no se veían dado que era de noche, dejaron caer el peso que llevaban acumulando días. Ese peso caía en forma de lluvia, fuerte, decidida, ruidosa e imparable. No había nada que se interpusiese entre las gotas y el pavimento, nada, absolutamente nada, ese era su destino. Su corazón imitó a las densas nubes y dejó salir el peso que acarreaba desde hacía varias semanas. Y lo permitió, lloró desconsolado y desamparado. Bajó la mirada para así cubrir un poco su rostro, a pesar de estar solo sentía vergüenza de que le viesen llorar, cubrió el rostro con las manos para mayor protección y seguridad.

Estuvo largo tiempo así, llorando, cubriendo su rostro, dejando salir todo lo que su corazón no aguantaba. No le importaba el frío que comenzaba a penetrar en sus huesos, no le importaba la helada lluvia que caía sobre su cuerpo, no le importaba absolutamente nada. Solamente quería ese instante para poder desahogarse, dejarse llevar por lo que sentía. Contuvo la respiración cuando sintió unos pasos chapotear en los cúmulos de agua que se formaban en el suelo, mas no descubrió su rostro ni tampoco dejó de llorar. 

- Daiki, no puedes seguir así.

Habló una voz delante de él cuando se detuvieron los pasos. Daiki se relajó, era su mejor amigo, el que sabía todo de su situación sentimental, el que le aconsejaba y cuidaba, pero que también reñía. El pequeño no hizo nada, simplemente siguió llorando, no podía parar de hacerlo.

- Lo sabías todo desde un principio, él te puso en aviso. 

Continuó hablando el recién llegado. El menor abrió los ojos aún con las manos cubriéndole la cara, era cierto, Inoo le había avisado desde un inicio, le había dicho "Daiki, esto no es nada serio, espero que no te hagas ilusiones". ¡¿Pero cómo no hacérselas cuando todas las noches tenían sexo?! Todas las noches intercambiaban fluidos, y él también pensaba que intercambiaban sentimientos, pero había estado muy equivocado, porque cuando todas las noches lo hacía con él, todas tardes lo hacía con Yabu. Y desgraciadamente, el corazón del moreno ya tenía dueño, y ése no era él.

- Comprendo como te debes sentir, pero debes entender que ya no habrá nada entre vosotros. 

A Daiki esas palabras le helaron el cuerpo, incluso más que la propia lluvia fría. Destapó su rostro mostrando una atónita mirada, dejando aer sus brazos sobre sus piernas, derrotado. Lo que Takaki decía era cierto, ya no habría nada entre ellos, pasaría de verle todos las noches a solo dirigirse un pequeño "hola y adiós" como saludo. Eso le aterraba aún más que sentirse desdichado todo este tiempo. Miró al mayor que estaba postrado delante de él vistiendo una gabardina negra junto con el paraguas del mismo color. ¿Realmente él comprendía su dolor? ¿O eran simples palabras vacías para reconfortarle? 

- Tu no lo entiendes, ¡no puedo darme por vencido así como así! 

Daiki se exaltó, se sentía perdido, tenía miedo a dejar ir a Inoo, no quería perderlo y eso le aterraba. Se sentía vacío al saber que nunca más podría compartir recuerdos con el mayor, que no volverían a hablarse como antes. No, ¡definitivamente no quería eso! Empezó a negar frenético, negándose a aceptar la realidad. Takaki al ver la histeria e inconformidad del menor se acercó hasta él y le sujetó las manos en un intento por brindarle tranquilidad, y para que el menor fijase su atención en él. Dejando caer el paraguas negro al suelo, haciendo un metálico ruido, provocando que él también se empapase.

- Te entiendo, pero es lo mejor. Créeme, no te lo diría si no fuese lo correcto. 

Trató de tranquilizar el castaño pero no lo consiguió, simplemente notó como de los aguados y desesperados ojos del menor brotaban más lágrimas, rabiosas e impotentes al darse cuenta de la relidad. Daiki volvió a negar varias veces con la cabeza, absteniéndose de aceptar la realidad. 

- ¡No, no! ¡Tengo que estar con él! ¡Simplemente con él puedo seguir! ¡No lo entiendes!

Daiki lloraba desconsolado, mirando fijamente al mayor que abrió los ojos estupefacto, sin comprender esa necesidad del pequeño por seguir en la compañía de Inoo. Era algo que nunca había visto, pero que lo había sentido muchísimas veces, él mismo estaba en la situación de Arioka. Ahora mismo, lo estaba sintiendo. Ese miedo a dejar ir a una persona cuando no lo has dado todo... era lo que sentía en ese momento. Por eso le estaba diciendo todo eso, porque quería que Daiki volviese a brillar, que se diese cuenta que no necesitaba de la compañía de Inoo para resplandecer.

- ¡Claro que lo entiendo! ¡Sé lo que estás sintiendo! - suspiró para tratar de tranquilizarse, había perdido los papeles y le había levantado el tono al moreno que le miraba sorprendido. - Tienes miedo de perder a la persona que amas, ¿pero qué puedes hacer cuando esa persona no te corresponde? Si te quedas a su lado, solamente sufrirás tú y no dejarás tranquilo a la persona que quieres. Lo mejor para los dos, es que os deis algo de tiempo, porque ni Inoo te va a corresponder, ni tú te vas a poder desprender de él, como sigas así -.

Daiki abrió asombrado los ojos, esas palabras en su mente retumbaban una y otra vez. Takaki tenía razón, ahora todo cobraba sentido, alejarse y dejar ir a Kei era lo mejor que podía hacer, si se quedaba a su lado solamente le molestaría y él no quería eso. Puede, que distanciándose consiguiese olvidarse de él, y así tal vez, poder ser feliz. 

El pequeño se arrojó a los brazos del castaño que le recibió encantado. Sintió como las lágrimas calientes de Daiki penetraban su, ya empapada, ropa. Se aferraba fuertemente a su espalda, rellenando sus puños con la tela de la gabardina. Yuya simplemente rodeó los hombros del menor y lo apegó aún más a su cuerpo. 

- Ven, vamos a mi casa. Hoy te puedes quedar a dormir, nos daremos un baño caliente y dormiremos relajados. 

Acarició la cabellera húmeda del pequeño mientras este asentía, hundiendo su rostro en el pecho del alto que sonreía tierno. Ahora, solamente quedaba que Arioka se olvidase de Inoo y así, poder intentarlo él con el pequeño.



*Fin*


Espero que les haya gustado~! >.<
Mimi-chan desta~!



lunes, 4 de marzo de 2013

[Two-shot] Quiero contigo. [Inoodai]

Quiero contigo.





Pareja: Inoodai [Inoo Kei&Arioka Daiki]
Extensión: two-shot.
Género: Shounen-ai, lemon.
Autora: Mimi-chan.



[Two-shot] Quiero contigo 2ª parte [Inoodai]

Hello everybody! ^^ Aquí les traigo la segunda parte del Two-shot  Inoodai, me costó un montón porque hay lemmon y ya hace mucho que no escribo este género, por eso siento que me quedó fatal. Ya pido disculpas de antemano, porque seguramente que no es como vosotros esperáis... de verdad, creo que me quedó raro, incluso el final... u.u'

Bueno, pero aquí os lo dejo para que vosotras juzguéis. A mi parecer ha quedado muy largo...


Quiero contigo.


Pareja: Inoodai [Inoo Kei&Arioka Daiki]
Extensión: Two-shot, segunda parte.
Género: Lemmon.
Dedicación: A Mabel, que sé que le gusta el lemon xD, además con su pareja favorita, para que no me eche la culpa de que la vicio al Ariyama xD Espero que te guste! ^^
Autora: Mimi-chan.


2ª Parte. 



Daiki miraba con repulsión la escena que presenciaba ante sus ojos. Una mueca de asco se formaba en su cara cada vez que la parejita se daba un corto beso en los labios. Ya llevaban un mes saliendo, y se estaba empezando a hartar. No comprendía como Inoo duraba tanto con ese chico,  normalmente los novios le duraban una semana. ¡No comprendía que hacía diferente a ese chico! El novio de Inoo siempre estaba sonriendo, haciendo bromas tontas, tenía mucha confianza con el grupo, era alegre, divertido, tímido... no comprendía qué era lo que había captado la atención de Inoo. Sus anteriores conquistas no eran como ese chico.

- Dai-chan, córtate un poco. - interrumpió Chinen la mirada matadora que estaba dirigiendo el mayor hacia la pareja. Éste se giró sorprendido, no esperaba que nadie se percatase de su mirada de odio. - Se nota bastante. - habló posicionándose a un lado de él. El mayor bufó molesto restándole importancia.

- Qué más me da. - bufó molesto mientras se levantaba de silla dispuesto a salir de la sala pero el repentino comentario de Chinen le detuvo.

- Se parece a ti. - habló alto para detener el paso del mayor. Daiki miraba el suelo enfrente de él sorprendido. Se giró algo molesto, no por el comentario sino por la molestia que ya arrastraba de antes.

- ¿Quién se parece a mi? - le preguntó con un tono demandante y con los puños, apoyados a sus costados, apretados. Estaba muy molesto, Daiki había entendido que el novio de Inoo se le parecía a él, pero quería cerciorarse de ese echo.

- El novio de Inoo. - se limitó a contestar el moreno mirando al susodicho, Daiki también se giró a mirar al chico. Este sonreía cálidamente enseñando sus dientes blancos en una perfecta sonrisa. Esa sonrisa te hacía sonreír a ti sin que te dieses cuenta, sin duda era una sonrisa muy bonita. Arioka sacudió su cabeza al pensar tales cosas, su mal humor volvió a él y arrugó el ceño.

- ¡Es imposible que ese y yo nos parezcamos! ¡Idiota! - gritó el castaño con los puños cerrados fuertemente. Chinen se giró sorprendido, no se esperaba esa reacción de él y menos que le llamase idiota. Sonrió al darse cuenta del motivo de esa reacción, Chinen era muy rápido para los sentimientos ocultos.

Todos los demás miraron a Daiki salir enfadado de la sala, Inoo miraba sonriente al menor salir. Era una sonrisa entre divertida y maligna. Difícil de descifrar. Rápidamente la quitó cuando su novio demandó su atención.

Daiki daba zancadas hasta llegar a los vestuarios, estaba realmente enfadado. ¡¿Cómo se le ocurría a Chinen compararlo con el novio de Inoo?! ¡No se parecían en nada! ¡Ese chico sonreía todo el día! ¡Le tenían que doler las comisuras de sus labios cuando acabase el día! ¡Era imposible poder sonreír todo el día! Además de que sus chistes no hacían nada de gracia, ¡¿y qué era eso de llevarse tan bien con el grupo en solo un mes?! ¡No se parecían en nada! ¡Ese chico era demasiado sociable!

Alguien interrumpió sus pensamientos cuando se abrió la puerta, Daiki subió su mirada ante la sorpresa. Se encontró con el rostro de Yamada que miraba dudoso el lugar, trataba de encontrar a Daiki pero no sabía si se encontraría en los vestuarios.

- Con que aquí estabas... - susurró entrando y cerrando la puerta detrás de él. Caminó para ir a sentarse al lado de Daiki que estaba en las bancas. Daiki bufó molesto, siempre a donde quiera que valla Yamada lo encontraba.

- ¿Tengo incrustado un chip con el que puedas rastrearme o algo? - preguntó malhumorado, estaba enfadado y en esos momentos no quería ver a nadie para no pagar el enfado con los demás. Pero Yamada se empeñaba en ir tras él en los momentos más inoportunos.

El menor sonrió cálidamente ante el comentario de Daiki. Era cierto, tenía una habilidad especial para encontrar a Daiki, tal vez sería porque eran parecidos conforme a la forma de pensar. Comprendía perfectamente la forma de pensar de mayor, al igual que Arioka comprendía la de él.

 No es eso. - hizo una pausa en la que sonrió. - Es que eres muy predecible. - finalizó. Miró  al mayor cambiando el semblante a uno más serio. - ¿Se puede saber qué ha pasado antes? - le preguntó en tono de reproche pero no muy severo, sabía que Daiki ahora estaría enfadado y lo menos que quería era que su molestia aumentase.

- Chinen, que es muy inoportuno cuando quiere. - masculló las palabras. Sabía que Chinen no tenía la culpa, pero ahora mismo su comentario era el que le había enfadado. Pero tampoco eso era culpa de Chinen, éste simplemente le había dicho lo que le parecía y no le podía culpar por eso.

- Pero eso ya lo sabes desde siempre, como para de repente insultarle. - regañó Ryosuke mirándole, el mayor aún no se dignaba a verle. Miraba al suelo malhumorado, tenía los codos apoyados en sus piernas y las manos entrelazadas en medio de ellas. - ¿Qué te ha dicho esta vez que te ha sacado de tus casillas? - le preguntó tranquilamente. Necesitaba ser prudente si quería que Daiki le contase lo sucedido.

- Ha dicho que el novio de Inoo y yo nos parecemos. - escupió las palabras. Solo de pensar de nuevo en que ellos dos eran parecidos le subía el malhumor, si era posible. Yamada abrió los ojos sorprendido.

- Pero si solo es un comentario inocente. - habló sorprendido. No podía creer que por ese comentario Daiki se hubiese enfadado, seguramente que Chinen lo había dicho con buena intención. O no... bueno, con Chinen nunca se sabe.

- Sé perfectamente que no existen los "comentarios inocentes" en el vocabulario de Chinen. - miró de reojo al menor tratando de transmitirle que no había funcionado. Seguramente que Yamada estaba ahí para tratar de arreglar las cosas, aunque no había nada que tratar, pues tenía pensado pedirle disculpas más tarde a Yuri. - Y tú también lo sabes. - dijo en un tono más alto con un deje de evidencia en su voz.

Yamada sonrió al ser descubierto, lo malo de que los dos pensasen igual era que no podía haber segundas intenciones en ninguno de los dos pues lo descubrían a la primera. Suspiró cansado, últimamente Daiki andaba de un humor de perros, normalmente solía ser más sociable, aguantaba mejor las bromas... pero es que últimamente no había persona que le aguantase.

- ¿Todo esto se debe a que Inoo-chan ha durado más de lo esperado con su novio? - le preguntó directamente Yamada, perdía el tiempo si trataba de dar rodeos. Además, que no necesitaba andar dando vueltas para decirle las cosas claras. Él no era de esos, era directo.

- Eso me trae sin cuidado. - mentira, una gran mentira. Pero no quería reconocer que estaba molesto, no quería reconocer que se había dado por vencido. No quería dar por fallida su misión, y tampoco quería dar por perdida la esperanza de acostarse con Inoo, pero realmente veía muy difícil que eso sucediese.

- Cuéntale ese cuento a otro. A mi no me engañas. - examinó con la mirada lo poco que pudo, notó que Arioka apretaba las manos que tenía una encima de la otra. Sonrió comprensiva-mente, pero rápidamente cambió de expresión. - Dai-chan, ¿por qué no lo dejas? - susurró preocupado por su amigo. Esa obsesión estaba acabando con la personalidad de Daiki y con las amistades del grupo, con Inoo ya ni se hablaba, con Chinen se había enfriado la amistad, incluso con él se había distanciado.

- ¿Qué? - preguntó incrédulo mirando al menor que le miraba completamente convencido. Daiki observaba determinada-mente esos ojos marrones que le veía preocupado. Agradecía la preocupación  de su amigo, pero no tenía de qué preocuparse, lo tenía todo bajo control. O eso quería creer, ya no veía tan factible el que Inoo rompiese con su novio.

- ¿Realmente crees que merece la pena sufrir de esa manera por simple sexo? - le preguntó mientras le miraba fijamente a los ojos. Daiki flaqueó, no sabía qué responder, tampoco sabía qué era lo correcto. ¿Acaso seguir los impulsos de tu corazón era erróneo? ¿Hacer realidad lo que tanto deseas era malo? - Y no solo estás sufriendo tú. Estoy sufriendo yo, Chinen, el novio de Inoo y el propio Inoo. - hizo una pausa hablando claramente para que Daiki se diese cuenta de lo que estaba perdiendo por su obsesión.

- ¿Me estás diciendo que deje atrás lo que deseo? - le preguntó algo enfadado, como retándolo. Yamada se estaba metiendo en un campo que no le concernía para nada. Le estaba haciendo sentir culpable y lo único que podía hacer era saltar a la defensiva.

- Te estoy diciendo que le estás haciendo daño a la gente que te quiere por un simple capricho. - sentenció el menor acabando de sorprender a Daiki que no podía ni pestañear de la impresión. No podía creer que Yamada le estuviese diciendo eso. Llamaba "capricho" a algo que él deseaba.

- ¿Cómo te atreves a llamarlo "capricho"? ¡Es algo serio! - exclamó levantándose de la banca mientras apretaba fuertemente sus puños. En ese momento sentía mucha impotencia, quería gritarle a Yamada varias cosas, pero ninguna coherente. No sabía por qué se sentía tan furioso cuando Ryosuke denominó "capricho" a eso tan fuerte que sentía él.

- Oh, ¿ahora es algo serio? - le preguntó con un tono irónico. Yamada lo único que quería era que Daiki se sincerase consigo mismo de una vez por todas. Él sabía perfectamente que el mayor estaba enamorado de Kei, pero parecía que Daiki se negaba a aceptarlo. Cosa que no entendía. - ¿Cuándo pasó de ser  "sexo sin amor" a algo "serio"? - le preguntó recordando las palabras que le había dicho ya semana antes para referirse a lo que Daiki quería hacer con Inoo.

- ¿E-Eh? - tartamudeó sorprendido. Ni si quiera él se había dado cuenta de que hubiese dicho eso, ¿realmente había dicho que lo de Inoo era algo serio? Bueno, era serio, pues se lo tomaba muy enserio. - Por supuesto que es serio. Sería muy irresponsable de mi parte no tomarme mis obligaciones como se debe. - habló algo arrogante al mencionar a Inoo como obligación. Yamada se quedó callado, realmente Daiki tenía contestación para todo no se le podía sacar nada.

El menor suspiró derrotado, no podía hacer nada por Daiki. Él quería que Daiki dejase de sufrir, pues sabía que el mayor se había dado cuenta de lo que sentía por Inoo, pero no lo quería reconocer.
Daiki miró al mayor bajar la mirada preocupado, suspiró él también derrotado. No sabía por qué pero no podía darse por vencido con Inoo, sentía que no era lo mejor.

- Mira. - habló para que Yamada le prestase atención ya que le silencio que había reinado había sido muy incómodo. El menor levantó la mirada atento a lo que Daiki le diría. - Lo intentaré por última vez con todas mis fuerzas y si no resulta, lo dejaré. Te lo prometo. - y sonrió como solía hacerlo antes de que el asunto de Inoo se le metiese en la cabeza. Yamada vio esa sonrisa que hacía tiempo que no veía y se creyó lo que Arioka le decía, además, tampoco tenía por qué desconfiar de él.

- Prometido entonces. - se levantó de la banca en la que estaba sentado y le sonrió de igual manera al mayor que le devolvió la sonrisa.

- Prometido. - habló decidido el mayor. Una última vez lo intentaría y le daba igual las personas que pudiesen salir perjudicadas, ya fuese el novio de Inoo o incluso él. Le daba igual, se merecía la oportunidad de intentarlo con todas sus fuerzas. Y si no resultaba se daría por vencido y nunca intentaría algo más.

- ¡Y ahora vete a disculparte con Chinen! - gritó el menor mientras le levantaba el puño a modo de amenaza y haciendo que le mayor saliese corriendo de los vestuarios simulando tener miedo del menor. Sabía de sobra que Ryosuke lo decía en broma, para librar tensiones

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Una semana había pasado después de prometerle eso a Ryosuke. Arioka se encontraba en su habitación dando vueltas de un  lado para otro nervioso. Se mordía las uñas incansablemente, desesperado.

Había tenido el valor de pedirle a Inoo que fuese hasta su casa para hablar con él. Le había convencido diciéndole que quería pedirle disculpas por su comportamiento. Pero sus intenciones eran otras, había aprovechado que su casa estaba sola, sus padres y hermano se habían marchado. Sus padres a un corto viaje de dos días y una noche. Y su hermano, aprovechando que estos no estaban, se quedaría en casa de su novia.

Ahora, era cuando la frente le sudaba y los nervios que carcomían por dentro. Ahora, era cuando se retractaba de haberle llamado. Ahora era cuando tenía miedo. No sabía qué tenía que hacer, tampoco de qué hablar.

- Tranquilo. Es el Inoo-chan de siempre, no tienes que preocuparte. - habló deteniendo la décima vuelta que daba alrededor de la alfombra que tenía en medio de la habitación. Escuchó el timbre de su casa sonar y pegó un gran salto. - ¿Ya está aquí? - miró el reloj que tenía encima del escritorio y se sorprendió, el mayor había llegado antes de tiempo.

Innaló aire, inflando su pecho, para tranquilizarse. Lo soltó haciendo un gran suspiro, cerró los ojos y asintió. Tenía claro lo que iba hacer, así que no tenía por qué tener miedo. Si el mayor se negaba, simplemente se disculparía y ya está.

Bajó nervioso pero con paso firme, era lo que deseaba así que no tenía de qué preocuparse. Llegó a la puerta respirando profundamente una última vez para abrirle a Inoo. Sonrió cuando vio la figura alta y despreocupada del mayor. Con esa camisa de cuadros azules y blancos, con los tres primeros botones abiertos. Esos pantalones vaqueros azules oscuro, apretados. Y ese pelo ondulado y despeinado como siempre. Esa bella imagen había disparado su corazón y sus intenciones ocultas.

- Hola, Dai-chan. - sonrió con esa hermosa sonrisa de siempre. Sonrisa que derretía a cualquiera que veía. El menor sonrió también, Inoo parecía feliz, bueno, siempre lo era. - Cuanto tiempo. - mantuvo la sonrisa haciendo que le menor se prendara de ella. Inoo rodó su negra mirada mirando al menor con gesto extrañado. - Eh, ¿me dejas pasar? ¿O me vas a tener aquí fuera mirando la fachada de tu casa? Que por cierto, un color bastante agradable a la vista. - la sonrisa era una de diversión.

El menor se sorprendió, seguramente que se había quedado absorto mirando su rostro. Sonrió nervioso y asintió haciéndose a un lado para que el mayor pasase. Cuando éste cruzó la puerta percibió el aroma varonil de Inoo, aspiró para impregnarse de él. Sonrió al notar que era tal y como recordaba.

- ¿Quieres tomar algo? -  le preguntó Daiki una vez que le hizo pasar al salón y sentarse en el sofá. El mayor sonrió, hacía tiempo que no entraba en la casa de Daiki, miró a todas partes para ver si algo había cambiado. Hacía como tres o cuatro meses que no entraba. - Tenemos refresco, o té si lo prefieres. - habló el menor desde la cocina sacándolo de sus pensamientos.

- Té está bien. - respondió con un tono un poco alto para que Daiki le oyese. Escuchó un "sí" por parte del menor y siguió inspeccionando el lugar. Sonrió al ver una gran foto de la familia de Daiki, el hermano mayor de éste era realmente guapo. Había un gran parecido entre Daiki y él, pero si tuviese escoger escogería al menor sin duda.

Escuchó al menor entrar al chocar las tazas unas con otras, se giró para sonreír al menor que miraba con miedo las dos tazas que tenía en la mano, tenía miedo que se cayesen. Inoo se levantó rápidamente para ayudar al menor y coger una de las tazas, sus dedos se rozaron haciendo que ambos cruzasen miradas. Ambos habían sentido esa corriente eléctrica cruzar su espina dorsal por tan simple gesto.

Ambos sonrieron, aunque Daiki más sonrojado que Inoo. Se sentaron uno enfrente al otro, Inoo miraba cómo el castaño servía el caliente líquido saliendo vapor de la taza. Notó como el pulso del menor temblaba, no comprendía ese reciente nerviosismo que invadía a Arioka. ¿Sería porque hacía tiempo que no compartían tiempo a solas? Miró la cara de concentración y nerviosismo que tenía el menor. E inconscientemente sonrió al verle el ceño fruncido de esa forma. Tan concentrado estaba en servir el té que no se dio cuenta del tiempo que Kei había estado embobado mirándole.

- Bueno, ¿y qué querías decirme? - le preguntó impaciente. Había quedado con su novio después de la charla, aunque todavía tenía tiempo no quería llegar tarde. - Tengo que reconocer que me sorprendió tu llamada. - habló dándole después un sorbo a su taza, sintiendo el calor bajar por la garganta.

- ¿Te sorprendió? - preguntó confuso el menor. No era la primera vez que llamaba a Inoo para quedar en su casa. No comprendía el comentario del moreno, eran grandes amigos, así que un llamado así no tenía por qué sorprenderle.

- Sí. - hizo una pausa mientras fijaba su mirada en los ojos marrones de Daiki que le miraban expectantes por su respuesta. - Bueno, es que hace bastante que no hablamos. - se explicó manteniendo la mirada del menor. Pero este la apartó bajándola al suelo, o a cualquier sitio que no fuese el rostro de Inoo. - ¿Ha pasado algo? - le preguntó para saber el por qué de su distanciamiento, porque, aún después de casi dos meses sin hablarle, seguía sin saber qué era lo que había pasado.

- No ha pasado nada. Simplemente necesitaba tiempo para aclarar mis ideas. - habló en un susurro, lo suficientemente alto para que Kei le escuchase. No quería decirle que todo había sido porque se había obsesionado por acostarse con él. Primero tenía que disculparse.

- ¿Y te has aclarado? - le preguntó algo receloso, no se creía eso, pero tampoco notaba algo en el rostro del menor que le dijese que estaba mintiendo.

- ¿E-Eh? - preguntó confuso, había quedado absorto en sus pensamientos que no escuchó a Inoo cuando le habló.

- Las ideas, ¿te las has aclarado? - repitió con un tono cansado.

Sí. - escueto contestó.

 Inoo examinó de nuevo el rostro del menor que aún no le miraba directo a la cara. No comprendía el comportamiento del menor. - Entonces, ¿para qué me has llamado? - le preguntó de nuevo ya que el tema se había desviado.

- Bueno, verás... - comenzó el menor mirando el té en su taza. Aunque sólamente quería disculparse, no se atrevía. Después de haber pasado toda la semana planeando el cómo acostarse con Inoo... ahora le entraba la vergüenza y no era quién a mirarle a la cara.

Kei esperó paciente a que Arioka continuase hablando, pero se estaba impacientando. Tenía curiosidad por saber el por qué del comportamiento del menor y se moría de ganas por preguntarle, pues ese tema le había tenido preocupado esos casi dos meses de distanciamiento.

El silencio reinó en el salón principal de la casa Arioka. El menor apretaba la taza entre sus manos en un gesto de nerviosismo. Mientras que el mayor esperaba impaciente lo que Daiki tenía que decir. Pero su paciencia no era enterna y dudaba que pudiese aguantar mucho tiempo más en esa tortuosa espera.

- Mira. - interrumpió Inoo ante la pérdida de la paciencia. No tenía mucho tiempo para hablar con Daiki, y si éste no hablaba no podía andar perdiendo el tiempo entre silencios. El menor elevó el rostro para mirar sorprendido al moreno. Tenía los ojos levemente abiertos mientras los posaba fijamente en los del mayor. - No te preocupes, la verdad es que no tengo mucho tiempo. Así que ya hablaremos otro día con más calma, ¿vale? - le preguntó adornando su rostro con una sonrisa.

Inoo se levantó para dirigirse hacia la puerta principal y salir a su deseada cita con su adorado novio. Daiki miraba los movimientos del mayor. ¿Realmente dejaría que se fuera sin antes pedirle, aunque sea, una disculpa? El moreno se merecía esa disculpa, pues seguramente había estado preocupado por su repentido distanciamiento. Y deseaba disculparse con él. Pero ahora, en el momento de la verdad, las palabras no le salían. Y esa mudez había acabado hartando al mayor.

En un rápido movimiento Daiki corrió hacia Inoo que ya tenía la mano en el pomo de la puerta. Le sujetó del brazo para que no abriese la puerta. El moreno se sorprendió, se giró mirando con los ojos algo abiertos a Daiki que miraba al suelo. El castaño tenía la cabeza gacha, su seguridad era poca. Además, ese acto había sido involuntario, se sentía desesperado, no quería que Inoo se fuese.

- ¿Dai-chan? - le preguntó el moreno sorprendido por el comportamiento del menor, no se esperaba ese movimiento para nada. Notó que el menor no le miraba, que miraba al suelo, parecía estar dubitativo, sin seguridad. Sonrió tierno mientras le colocaba una mano en la reluciente cabellera. - Tranquilo, no estoy enfadado. - habló pensando que así el menor dejaría de preocuparse por ese tema.

Daiki apretó un poco el agarre del brazo de Inoo, había actuado así pero ahora no tenía nada que decir. Simplemente no quería que Inoo se fuese, ya le daba igual acostarse con él o no, simplemente quería que Inoo se quedase con él. Tenían que hablar las cosas, no podía quedarse callado, tenía que pedirle perdón.

Inoo viendo que Arioka no decía nada se soltó del brazo suavemente mientras que seguía sonriendo tiernamente. Daiki al sentir ese movimiento por parte del mayor elevó la mirada esperando algún otro movimiento. Inoo mantuvo la sonrisa pero sin quitar la mano de la cabeza de Daiki. La bajó a su mejilla y entrecerró los ojos en un gesto cálido.

- En serio, no te preocupes. No estoy enfadado. - y ensanchó la sonrisa haciendo que el corazón de Daiki se acelerase ante tan bella imagen. No podía creer lo tierno que podía ser Inoo en momentos así. - Ya hablaremos en otra ocasión, he quedado con mi novio.  - poco a poco fue retirando la mano que acariciaba la mejilla de Daiki.

El menor arrugó el ceño al oír eso mientras veía como Inoo se daba la vuelta para intentar salir por la puerta. Daiki estaba lleno de rabia, apretó los puños consiguiendo que sus nudillos adquirieran un color blanquecino. No podía creer que Inoo había osado a quedar con su novio después de quedar con él.

Ante el ataque de rabia que estaba teniendo cogió nuevamente al moreno del brazo y lo giró completamente para después depositar un demandante beso en los entreabiertos labios de Inoo, quien abrió los ojos sorprendido. Ni es sus fantasías más locas hubiese imaginado que Daiki le daría un beso tan demandante y lleno de pasión.

El menor se atrevió a introducir su lengua en la cavidad ardiente del mayor. poco a poco Inoo fue cayendo ante el exigente beso. Cerró los ojos para después mover su lengua alrededor de la del menor. Sus lenguas daban vueltas una alrededor de la otra, dichosas de conocerse, al compás de sus labios que se abrían y cerraban levemente.

Cuando se separaron un hilo de baba delataba el fogoso beso que se acababan de dar. Daiki se sonrojó ante semejante situación, Inoo sonrió de lado al ver ese notorio rojo en las mejillas del castaño. Se aventuró a volver a besar con más pasión que antes. Daiki se sorprendió ante ese beso, pero no tardó en darle la respuesta que tanto quería Inoo.

Pronto los labios fueron poco y las manos se aventuraron a la acción de recorrer ambas espaldas de arriba abajo. Las de Inoo, algo más experimentadas se aventuraron por debajo de la camiseta que traía Daiki. Este al sentir el frío tacto de sus manos en su espalda, se sorprendió y como acto reflejo se le erizó la piel. El beso continuaba, afortunadamente no necesitaban oxígeno, ese beso era demasiado pasional como para dejar espacio a respirar. Se besaban con tanta necesidad que ellos mismos se sorprendieron.

Del impulso del beso caminaron hasta que Daiki tocó la pared con la espalda, estaban en medio del recibidor. Inoo posicionó una de sus piernas entre las del menor, rozando el miembro del castaño con ella. Un leve gemido salió de los carnosos labios de Daiki, que detuvo el beso para que éste saliese. Inoo sonrió cuando le escuchó, dulce música para sus oídos. No se hizo esperar y volvió a besarle con mucha más intensidad que en el anterior, adentrando la lengua desde el inicio.

Daiki correspondió con la misma necesidad, quien se sonrojó al escucharse gemir de nueva cuenta por el roce de su miembro en la pierna del mayor. Inoo movía levemente su pierna para escuchar esos gemidos que Daiki trataba de reprimir. Una vez que se sació de los labios de Daiki, bajó a su cuello para degustar de él. Hacía tiempo que quería probarlo, quería experimentar a qué sabía esa blanquecina piel.

Daiki abrió los ojos cuando sintió los ardientes labios, rosados por los besos, de Inoo encima de su indefenso cuello. Apoyó el cogote en la pared para darle mayor espacio. Inoo tenía las manos apoyadas en ambas caderas de Daiki, rozando el límite del pantalón.

El mayor repartía leves besos por todo el cuello, por todas las partes a las que alcanzase, arrancando pequeños gemidos al castaño que trataba de callarlos mordiéndose el labio inferior. El mayor elevó la mirada de nuevo para devorar los labios de Daiki que ya requerían de su atención.

Ese beso duró más que los anteriores. Sus lenguas revoloteaban, sus salivas se intercambiaban, sus labios se abrazaba... fogosidad por doquier. Tuvieron que separarse pues ese beso les había dejado sin aliento, haciendo que sus respiración se agitasen. Se miraron fijamente a los ojos, sin comprender esa enorme pasión y deseo que sentían en uno por el otro. Sus miradas eran intensas, tratando de transmitir todo lo que ahora sentían.

Daiki cogió una de las manos que el mayor tenía posada en su cadera y lo obligó a seguirlo. Subiendo escaleras arriba hasta llegar a la habitación del pequeño. Quien nada más entrar se giró y en un impulso de deseo devoró los labios de Inoo que abrió los ojos sorprendido. ¿Le estaba diciendo Daiki lo que él creía? Ese beso solamente le decía que el menor tenía tantas ganas de acostarse con él como Inoo. Correspondió el beso inmediatamente, besándolo con aún mucha más lujuria.

Caminaron hasta la cama que estaba de espaldas a Daiki. Inoo se inclinó haciendo que el menor le copiase, quedando éste echado sobre la cama y el mayor encima de él, todo esto sin romper el beso. Daiki tenía los brazos alrededor del cuello del mayor, acariciando la negra cabellera. Inoo se aventuró a levantar un poco la camiseta del menor por encima del obligo, rozando la piel que se erizaba a su paso.

Volvieron a deshacer el beso y el moreno pasó de nuevo a devorar el cuello de Arioka. Quien gemía producto del placer que esa ardiente boca le estaba dando, mientras seguía acariciando el revoltoso cabello negro del  mayor. Inoo le quitó la camiseta al menor, dejando al desnudo ese pecho que tanto deseaba probar. Miró hambriento los pezones y fue directo a uno de ellos, saboreando-lo como si de un caramelo se tratase. Daiki abrió los ojos sorprendido, la ardiente lengua de Inoo jugueteaba con su botón, que cada vez era más sensible al tacto.

Inoo degustaba encantado, además de escuchar los sonoros gemidos del menor. El otro pezón lo pellizcaba levemente para ponerlo duro. Escuchar los gemidos del menor hacía que su entrepierna palpitase y doliese, signo de que su miembro estaba erecto. Y no era para menos, pues la dulce voz de Daiki se hacía aguda por los gemidos, provocando que se excitase.

Elevó el rostro para besar los labios del castaño quien correspondió rápidamente y con mucha pasión. El moreno dirigió la mano, que antes estaba acariciando el pezón, a la entrepierna de Daiki que supuso estaría igual de hinchada que la suya. Acarició en círculos por encima del pantalón, haciendo que el menor rompiese el beso para gemir sonoramente. Inoo sonrió al ver ese sonrojo debajo de los ojos del pequeño.

Era una visión magnífica, tenía el menor a su merced, con los ojos apretados fuertemente, sonrojado, sus labios hinchados, rojos y entreabiertos dejando salir esos gemidos que le encantaban. Seguía moviendo en círculos la mano proporcionando más placer a esa entrepierna.

Dejó las caricias para desabrochar hábilmente el pantalón y bajarlo junto con la ropa interior, dejando al descubierto ese hinchado miembro que requería de su atención. Sonrió al verlo, posó primero las yemas de los dedos para torturarle un poco.

Daiki abrió los ojos al sentir ese tacto en su parte íntima, miró a Inoo que sonreía de lado mientras le oía gemir. Se sonrojó, no pensaba que esa situación se daría. Aún a pesar de haberlo planeado toda la semana, ahora se sentía tan perdido, no sabía que hacer, era totalmente inexperto en es ámbito. Pronto el placer le nubló la mente y no hubo sitio para pensar.

El mayor rodeó con su mano el miembro del menor y que comenzó a mover de arriba abajo. Arioka arqueó la espalda al sentir como el moreno le masturbaba. Esas finas manos que siempre tocaban el piano, ahora estaban haciendo maravillas en su miembro.

Inoo miró al pequeño gemir y retorcerse de placer ante su tacto. Quiso proporcionarle más placer y se agachó para llevarse su miembro a la boca. Primero empezó por la punta, para después recorrer toda la extensión. Subía y bajaba en un ritmo pausado, haciendo mayor presión en la punta. Sintió las manos de Daiki encima de su cabeza, que le obligaban a aumentar el ritmo y le obedeció. Su cabeza subía y bajaba a mayor velocidad, arrancando aún más profundos gemidos de la garganta del menor.

Pronto el menor se vino en la boca del moreno, sonrojándose Daiki por el acto. Inoo se irguió u miró al menor que apartaba la vista, pasó su lengua por encima de sus labios en un acto lascivo, sonrojado aún más a Daiki. Volvió a besarle con mucha más urgencia, volviendo a entrelazar las lenguas que ya eran más que conocidas.

Inoo se desabrochó el pantalón, deshizo el beso y se irguió. Se colocó entre las piernas de Daiki que miraba atento lo que hacía, pero con la respiración acelerada a causa del fogoso beso que habían tenido momentos antes. El mayor se quitó la camisa dejando su pecho al descubierto, el castaño se maravilló ante tal imagen.  Miró atento cuando éste sacó su miembro y lo acercaba hasta su entrada, pero antes de poder rozarla le miró a los ojos fijamente.

- ¿Quieres seguir? - le preguntó Inoo cortésmente, aunque sabía de sobra lo que el menor le iba a decir. Daiki con la mente nublada por la pasión y el deseo asintió, realmente quería a Inoo dentro de él, lo necesitaba, se había echo adicto a él.

Inoo sonrió y le complació, adentrando poco a poco su miembro en la estrechez del pequeño. Daiki se tensó en cuando notó al intruso dentro de él. Apretó fuertemente la sábana entre sus manos, era un dolor intenso, soportable pero intenso. Notó como Inoo se detuvo al ver su expresión de dolor, abrió los ojos que hasta ahora los tenía fuertemente cerrados, y le miró. Inoo acarició suave y tiernamente su mejilla, para tratar de tranquilizarle. Daiki sonrió y asintió, dándole permiso a continuar.

Inoo no se hizo esperar y lo penetro de una estocada, mejor rápido y dolor soportable, que poco a poco y tortuoso. Daiki arqueó la espalda de dolor, mientras se aferraba fuertemente a las sábanas de su cama. Trató de tranquilizarse, pues sabía que era un dolor pasajero.

Una vez que el dolor hubo pasado, movió las caderas avisando a Inoo de que ya había cesado. Este el obedeció, pero por temor empezó suave, puede que se haya acostumbrado a su intromisión, pero cuando se movía era doloroso. Daiki fue marcando el ritmo, ritmo que volvía loco al moreno, pues ese lento movimiento acompañado de la estrechez del menor le hacían perder la cabeza. Poco a poco el placer le fue nublando y fue acelerando el movimiento de su cadera.

Arrancando gemidos de las dos gargantas, ambos gemían roncamente, mientras el mayor iba aumentando el ritmo de las embestidas. Daiki ya no sentía nada de dolor, todo había sido remplazado por un placer incalculable.  El ritmo cada vez era rápido,  Daiki enredó sus piernas alrededor de la cadera de Inoo haciendo que tocase ese punto de placer máximo.

Ambos envueltos en una capa perlada de sudor, en la habitación retumbaban los roncos y sonoros gemidos de ambos, hacía calor, ambos respiraban agitada-mente tratando de sacar afuere ese tortuoso calor interno. Inoo miró el pequeño cuerpo que se retorcía de placer debajo de él, esos ojos cerrados y gimiendo fuertemente.

Estaba llegando el momento del clímax, así que Inoo cogió el miembro del menor una vez más para proporcionarle placer. Comenzando a masturbar esa parte que requería ser atendida, aumentó también el ritmo de su pelvis, haciendo que el choque de ambas caderas sonasen.

Llegaron al clímax, primero el menor que se vino en su pecho y en la mano del moreno; y después el mayor que debido a la palpitación de la entrada de Daiki se vino dentro de él. Inoo cayó cansado, sudado y respirando agitada-mente a un lado de Daiki, saliendo de él en el acto. El menor también sudaba y respiraba agitada-mente, seguía aferrado a la sábana, aún sin saber por qué.

Ahora, era cuando la razón venía y le torturaba preguntándole cosas como ¿qué había pasado? ¿Qué les había llevado a hacer eso? Ahora comprendía qué era eso que tanto gustaba de Inoo, esas manos experimentadas te hacía subir a cielo, su boca te hacía sentir el calor del mismísimo fuego eterno del infierno, por no hablar de ese exquisito miembro que te hacía maravillas...

- Daiki... - susurró Inoo también pensando el qué había sucedido, no se arrepentía, pues hacía tiempo que quería hacerlo, el problema era explicarle a Daiki la situación, que sabiendo como era se molestaría.

Daiki giró el rostro avergonzado, no quería mirar a Inoo en esos momentos, no después de ese momento tan íntimo que habían tenido. Aunque, con más razón no se tenía que sentir avergonzado.

- ¿Qué va a pasar con tu novio? - le vino a la mente la imagen de ese tierno chico que estaba enamorado de Inoo, y que el mayor también quería. Se sentía enormemente culpable, había besado al moreno propiciando así este momento pasional, solamente él era el culpable de esta situación.

Inoo suspiró y cogió la sábana revuelta y los cubrió a ambos la desnudez, Se acercó al cuerpo que Daiki que en esos momentos le parecía muy indefenso, y le abrazó tratando de brindarle protección, quitarle esa culpa que tenía encima, tenía que explicárselo antes de que el menor se mortificase.

- Verás... - comenzó buscando las palabras exactas para que el menor no se exaltase. - Fue todo una tapadera. - el cuerpo que tenía entre sus brazos y que estaba de espaldas a él, se tensó. El mayor volvió a suspirar esperando la exaltación del menor. - Fue todo para ponerte celoso... - finalizó Inoo.

Daiki deshizo el abrazo sentándose en la cama, cayendo la sábana hasta su cadera, dejando el pecho al descubierto. Se giró y miró sorprendido a Inoo, no se esperaba para nada esas palabras, ¿qué quería decir con ponerle celoso?

- ¿Para qué querías ponerme celoso? - le preguntó con un tono demandante, quería saber esa respuesta, no comprendía por qué tenía que ponerle celoso. Algo dentro de él quería fervientemente que le dijese que le amaba y que no quería a su novio, pero a la misma vez se sentía culpable por tales pensamientos.

- Pues eso, viendo que tu no te dabas cuenta de mis sentimientos preferí pasar a la acción. - explicó echándose boca arriba, hasta ahora había estado echado de costado mientras abrazaba al menor. Miró fijamente a Daiki para saber qué reacción iba a tener, aunque se esperaba una reprimenda de su parte.

- ¿Cómo qué no sabía de tus sentimientos? ¡Eras tú el que no intentaba nada conmigo! - elevó el tono de voz mirando con el ceño fruncido al mayor que rodó la mirada suspirando, sabía de sobra esa reacción. Daiki apretaba los puños impaciente, ahora resultaba que era culpa suya.

- ¿Cómo quieres que te trate igual que a los demás? - habló volviendo su mirada al menor que ante el tono dulce utilizado por Inoo abrió los ojos sorprendido. Kei nunca había utilizado ese tono para hablar con él, ese tono tan dulce le transmitía mucha calidez. - Para mí no eres como los demás, Daiki. Eres especial, por eso no intentaba nada contigo, quería que vieses que eras especial. - se sentó también mirando intensamente al menor que no cabía del asombro.

Cogió el rostro del pequeño entre ambas manos y le besó cálidamente, era completamente diferente a los besos dados anteriormente. Ese beso transmitía mucho, mucho amor, cariño y ternura. Esos sentimientos era los que Inoo le profesaba a Daiki. Este correspondió con los mismos sentimientos, ahora que sabía que Inoo no salía realmente con el otro, se sentía aliviado y feliz.

Deshicieron el beso e Inoo le sonrió tiernamente mientras le abrazaba, juntando ambos pechos desnudos. Daiki abrió los ojos, pero correspondió al abrazo, sonriendo dichoso.

- Tú también eres especial para mí, Kei. - llamó por primera vez por su nombre. El mayor deshizo el abrazo y le miró sorprendido, el castaño sonrió ante la sorpresa del mayor.

- ¿Cómo de especial? - le preguntó con esa sonrisa que detonaba deseo y lujuria, sacando ese ser pasional que Daiki desconocía de él. Sonrió de la misma manera. - Demuéstramelo. - ensanchó la sonrisa el ver la del castaño.

- Con todo gusto. - respondió para devorarle la boca, cayendo los dos en la cama, posicionándose el menor encima del otro. Dispuesto a demostrarse su amor cuantas veces hiciese falta.


*Fin*

Mal final, mal lemon, mala historia... lo sé, lo sé... Se admiten tomatazos... ha quedado todo muy chuchurrido... pero espero poder mejorar con el lemon....

Espero que les haya gustado! ^>^

Mimi-chan destaaa~!