martes, 26 de noviembre de 2013

Bounce. [Threeshot] Cap. 3 part.1

¡Bueno! Creo que ya toca dejar adelanto así que... aquí lo tenéis! :3 Como dije en el anterior cap creo que en esta parte lo arreglé. Aún así, con todo lo que despotriqué de la parte anterior me gusta esta historia. Y espero que a vosotras también os esté gustando! >_<
¡Todos vuestros comentarios me alegran de verdad! *3* ¡Muchas gracias por comentar! ^·^



Cap. 3 Primera parte. 





- Escucha. – Takaki al otro lado de la línea hizo una pausa. – Vuelve, no hagas nada. – ordenó el chico rico y colgó.

La persona que estaba en la cafetería sonrió mientras los veía montar en el coche. Tenía muchas ganas de enfrentarse con Arioka, desde que se había dado cuenta de la clase de persona que era; quería romper la relación que tenía con Takaki. Esta podía ser la definitiva. Dejó dinero en la pequeña bandeja que traía la cuenta y salió con una sonrisa divertida.



Daiki conducía hacia el centro de la cuidad, el menor le había dicho que no quería visitar nada más pero poco le importaba a él. Encontró aparcamiento y se bajaron. Yamada miraba a su alrededor sorprendido, los altos edificios casi tocando las nubes, el gentío que era demasiado, todas las glamurosas tiendas… era magnífico.

- ¿Qué pasa? – hizo una pausa mientras clavaba su mirada en el rostro de Yamada. – Parece que nunca hayas visto una ciudad. – sonrió divertido al ver la cara de asombro de su acompañante.

- Yo soy de un barrio a las afueras de la ciudad. Pocas veces he estado aquí. – se sinceró a medias, no quería relatarle toda la verdad. Además, aún no había mucha confianza. Daiki asintió a las palabras, ahora comprendía un poco sus reacciones.

Caminaron hasta que llegaron a una modesta y hogareña cafetería, que encantó al menor. Pidieron y comenzaron a hablar animadamente. De cosas casuales, Daiki con miedo a que la escena de esa mañana se repitiera. Yamada estaba relajado, tranquilo, respondía y hacía preguntas sin preocuparse, sabía que el mayor no era mala persona aunque tenía una lengua bastante viperina.

Daiki se sorprendió cuando vio que el acompañante a la bebida del inquilino era un trozo de tarta, con inmensas y brillantes fresas en la cúspide, había bastantes.

- ¿Te gustan las fresas? – preguntó curioso al ver con el gusto que el menor comía la fruta. Ryosuke asintió con las mejillas infladas a causa del alimento que tenía en la boca, estaba un poco sonrojado a causa de la emoción de volver a comer sus adoradas fresas.

Daiki soltó una sonrisita ante la imagen tierna que estaba recibiendo del menor. Paró de reírse al ver que el menor le miraba confuso, sonrió tiernamente mientras acercaba su dedo pulgar a la comisura de su boca. Yamada se sorprendió y abrió los ojos al sentir el cálido contacto, la suave yema acariciaba con cuidado cerca de sus labios.

- Estás manchado de nata. – sonrió y se llevó el dedo a la boca después de limpiarle. – Muy rico. – saboreó la nata que había quitado de la mejilla del menor quien se sonrojó al ver cómo el otro degustaba la nata que anteriormente había estado cerca de sus labios. Se achicó en su asiento de la vergüenza, Arioka sonrió ampliamente por la ternura.

- Que tierno, está sonrojado. – elogió ensanchando más la sonrisa haciendo pequeños sus ojos. El menor se sonrojó aún más por el comentario, ya no sabía si eso era un cumplido o simplemente la manía que tenía el mayor por molestarle.

Siguieron comiendo amenamente, creando un grato recuerdo en las mentes de ambos. Hablando se habían dado cuenta que coincidían en muchas cosas, que les gustaba varias cosas comunes. Podían llegar a ser buenos amigos.



Llegaron a casa con las bolsas en la mano, se descalzaron y entraron a la cocina donde Yamada se encargó de reordenar. Daiki miró cansado eso, no entendía la manía que tenía su inquilino por organizarlo todo.

- ¿Por qué haces eso? – preguntó apoyado en el umbral de la puerta, pasaba la vista por toda la cocina: la mesa estaba llena de lo que había dentro de los armarios, la nevera abierta, los vasos, platos y cubiertos esparcidos por las encimeras.

- Ya que me encargaré de cocinar quiero ponerlo a mi gusto. – dijo mientras le miraba un segundo para después colocar los cereales y las galletas en uno de los armarios. Arioka sonrió de medio lado, una maravillosa oportunidad para incomodarle de nuevo aparecía.

- Y, ¿a quién le has pedido permiso? – se cruzó de brazos y miró sonriente el cuerpo del menor que dio un pequeño salto, pero no se giró. Daiki supuso que estaría nervioso e incómodo, e inesperadamente eso le divertía. – Era broma, era broma. – aclaró antes de hacer sentir más incómodo al menor. – ¿Quieres que te ayude? – ofreció mientras se acercaba hacia el inquilino quien le detuvo.

- No hace falta, gracias. – agradeció mientras volvía a la tarea, esta vez guardando los vasos en el armario con cristalera.

- Como quieras. – obedeció Daiki mientras salía de la cocina dándole una última mirada al menor que se ponía de puntillas para alcanzar el estante de arriba. Sonrió pensando que a él también le costaba llegar ahí.







Varios meses pasaron. Yamada ya se sabía desenvolver por la ciudad, o por lo menos un poco. Daiki seguía con su vida normal, a pesar de tener a alguien viviendo en casa, por las mañanas iba a ver a Takaki y luego volvía a casa. La relación con éste no iba muy bien, desde hacía unos meses estaba algo distante, además de que la última conversación no había servido para arreglarlo.




*Flash Back.*



Daiki aparcó el coche delante de la gran casa que poseía Takaki y se bajó, le dio las llaves al chófer que estaba en la entrada, le sonrió y se dirigió al interior. Sabía que su pareja le preguntaría el por qué no había acudido el día anterior y por qué tampoco había contestado a sus mensajes. Ya lo tenía todo pensado, solamente tenía que decir que tenía a su primo viviendo en casa, era lo que habían planeado Yamada y él desde el principio.

- Buenos días, Daiki-san. – saludó una de las sirvientas mientras se sonrojaba. Seguramente que llamarle por el nombre le incomodaba y eso que se lo había pedido él varias veces, hasta que acabó aceptando. Eso de “Arioka-san” le hacía sentir como si fuese su padre.

- Buenos días. – devolvió el saludo mientras le sonreía. Continuó el trayecto hasta la habitación del dueño de la casa y tocó tres veces. Escuchó el pase y entró sonriente.

- Hola, Yuya. – saludó directo al mayor que estaba sentado en su escritorio absorto en el ordenador. Le abrazó por la espalda sin darle tiempo a voltearse al mayor quien sonrió gustoso de recibir el calor corporal del menor. Se giró y le dio un ardiente beso que el mayor correspondió con el mismo ímpetu.



Sorprendentemente después del sexo (que era lo primero que hacían cuando se veían) Takaki no le preguntó nada acerca del porqué de su ausencia, cosa que le extrañó pues el mayor era muy maniático cuando a su persona se refería.

Pasaron los meses y todo parecía estar bien, hasta hacía algunos días cuando Takaki le propuso ir al cine.

- No puedo. – rechazó la propuesta mientras se ponía la camisa, otra sesión de sexo para su necesitado cuerpo. Yuya se sentó en la cama dejando al descubierto su pecho, cayendo la suave y cara sábana hasta sus caderas cubriéndole su virilidad.

- ¿Y eso por qué? – debatió le castaño mirándole fijamente sorprendiendo al menor que abrió los ojos ante esa mirada. Era la primera vez que el mayor le miraba de esa forma, parecía resentido, vengativo. – ¿Ya tienes planes? – prosiguió el mayor intensificando la mirada.

- Sí. Mi primo está en la ciudad, ¿no te lo había dicho? – contestó causalmente mientras se abrochaba la camisa tranquilo. Sabía que Takaki nunca iría en su contra, lo tenía comiendo de su mano.

- Ooh… Así que tú primo. – notó la ironía en la ronca voz del mayor. Se giró y le miró fijamente, no comprendía la actitud de Takaki, parecía que se había vuelto en su contra.

- ¿Algún problema con eso? – seguramente él sería la única persona que le pudiese hablar de esa forma. Para el resto de las personas Yuya era un ser frívolo, despiadado, estratega y calculador, no por nada tenía la fortuna que tenía. Ahora era él quien se ocupaba de la empresa de su padre, de algo tenía que servir el negocio.

- No, nada. – mantenía la mirada fuerte, inquisidora. Takaki sabía que Daiki le estaba mintiendo, pero no podía decírselo por ahora, tenía un plan que seguir. Un plan que cuidadosamente había ideado con su inseparable y mejor amigo Yaotome Hikaru, hijo de uno de los mayores socios de su padre. – Espero que te diviertas. – sentenció sonriendo de medio lado desconcertando a Daiki que asintió y salió sin más de la habitación. Cerró la puerta y se quedó pensativo, analizando el comportamiento de su amigo de la infancia.

- Oh, Dai-chan. – saludó alguien sacándole de sus pensamientos. Levantó la mirada y descubrió a la mano derecha de Takaki y jefe de la servidumbre de la casa, Okamoto Keito. Sonrió seductor, no era la primera tarde, ni noche, que compartía entre camas con él.

- Hola, Keito. – ensanchó la sonrisa examinando al menor. Tan elegante como siempre, con ese impecable traje que se acomodaba perfectamente a su trabajado cuerpo. Quedándole ajustado a la altura de los brazos que estaban muy bien ejercitados. – Me alegro de verte. – le miró coquetamente, cosa que captó el mayordomo.

- Lo mismo digo. – devolvió. Caminó hacia la puerta, Arioka le miraba ensimismado esos andares elegantes, esas manos enfundadas en impolutos guantes blancos, los anchos hombros y ese peinado que le daba un aire varonil sin igual. Tocó la puerta y escuchó la voz de Takaki dándole paso. – Espero volver a verte pronto. – susurró y entró cerrando la puerta detrás de él.

Arioka sonrió contento marchándose del lugar.



Después de ese acontecimiento Takaki se comportaba raro con él, no le trataba delicadamente como solía hacer, no le consentía, no le susurraba palabras de cariño… parecía que había dejado de quererle. Cosa que confundía al menor, él creía tenerlo todo bajo control pero no parecía ser así.



*Fin del Flas Back.*





- ¡Dai-chan, levanta! – escuchó un grito lejano, abrió los ojos poco a poco ante el incesante llamado. Notó que estaba en el sofá de su casa. Delante de él el rostro de su inquilino bastante cerca. Volvió a admirar la belleza de su cara, esas largas pestañas enmarcando sus grandes ojos siempre le llamarían la atención.

- Me he quedado dormido… - habló algo adormilado mientras se sentaba en el sofá. El menor se irguió, ya que estaba encorvado, y le sonrió.

- Eso parece. – asintió a las palabras. Daiki miró a su alrededor buscando algo que le dijese la hora que era. No tenía ningún compromiso pero aún así quería saberlo.

- ¿Qué hora es? – preguntó a Yamada al no encontrar ningún reloj. Se giró para mirarle ya que éste marchaba en dirección a la cocina. Había mirado a través de la ventana del salón, estaba oscuro, pero eso poco le podía decir ya que estaban en otoño.

- Son las siete de la tarde. – contestó el menor retomando el camino hacia la cocina. Se pondría a hacer la cena, tenía pensado hacer algo elaborado así que cuanto antes se pusiese a ello mejor. Salió dejando a Daiki solo.

Se dejó caer sobre el respaldo del sofá suspirando a su vez. Estaba cansado, por alguna extraña razón no llegaba a conciliar el sueño, había algo que le preocupaba. Y eso sí sabía lo qué era; el repentino cambio de actitud de Takaki. No llegaba a comprender qué era lo que le pasaba y preguntarle a él directamente solamente crearía conflicto, pues seguramente éste le contestaría “¿No te has dado cuenta? ¿Eso es lo que te fijas en mí?” o algo por el estilo. Tenía que hacer algo para arreglarlo, no quería perder al nº1, además de que seguramente su amistad quedaría dañada.

Se levantó y se dirigió a su habitación, quería darse un baño, necesitaba despejar la mente, no preocuparse. Seguramente eso era alguna rabieta por parte de Yuya, solo quería llamar la atención. Porque si no, no se lo explicaba.

- ¿A dónde vas? Pronto estará la cena. – paró cuando escuchó la melodiosa voz de su compañero de casa salir de la cocina. Se giró en el escalón y le sonrió radiantemente.

- A darme un baño, mamá. – ironizó. El menor se preocupaba por nada, en todo momento quería saber si estaba bien y eso que solían pasar la mayor parte del tiempo en casa, a no ser que el mayor saliese al local o a casa de Takaki.

Yamada soltó una carcajada y entró de nuevo para seguir preparando la cena. Arioka siguió su camino y subió al piso de arriba. Entró en el baño y llenó la bañera a la vez que se desvestía, seguía pensativo tratando de mejorar la situación con su “novio”, no podía dejar que eso siguiese así.

Estuvo bastante tiempo metido en el agua, tanto que notó que el agua estaba bastante fría, lo que le hizo salir de la bañera. Cogió una toalla del pequeño armario que había y se cubrió su hombría, cogió otra y se secó el pelo. Salió del baño en dirección a su habitación para ponerse algo más cómodo, o vestirse al menos. Caminaba distraído así que no se fijó que delante de él caminaba Yamada apresuradamente, haciendo así que chocasen.

Quedaron bastante cerca, por el impacto la pequeña toalla con la que Arioka secaba el pelo cayó al suelo. Yamada miraba fijamente los ojos castaños de su casero, tenía posadas las manos en el escurridizo pecho del mayor y el otro le tenía cogido por las caderas para evitar que cayese al suelo. El más castaño miró los grandes labios del mayor que estaban peligrosamente cerca de los suyos, estaban entreabiertos por la sorpresa del choque. Entrecerró sus ojos a la vez que se acercaba involuntariamente hacia los labios de su acompañante.

- ¿Estás bien, Yamada? – preguntó preocupado el mayor de los dos mientras miraba al otro preocupado. No era normal que caminase tan rápido por la casa. El nombrado detuvo la acción repentinamente al escucharle hablar, abrió los ojos sorprendido dándose cuenta de lo que estuvo a punto de hacer. Se apartó bruscamente del cuerpo que le llamaba a gritos.

- Sí, sí. – atropelladamente contestó a la vez que corría piso abajo para llegar a la cocina y encontrar refugio mientras cubría sus mejillas coloradas.

Daiki miró extrañando el pasillo por el que se había ido corriendo su inquilino. Se agachó y cogió la pequeña toalla y se dirigió a su habitación.

Yamada estaba agachado en frente de una de las encimeras mientras se tapaba la boca, a la vez que trataba de parar su alocado corazón. No entendía qué era lo que le había pasado, por qué de repente había querido besar a Arioka. Tragó fuertemente a la vez que apretaba sus ojos que estaban cerrados, no conseguía parar su fuerte latido. Podía sentir su corazón en sus oídos, temiendo que su corazón saliese de su pecho. Sus piernas le temblaban, por eso estaba agachado, sentía que si estaba de pie no conseguiría aguantar. Tenía las mejillas encendidas, más que el fuego que cocía las verduras. Se mordía el labio nervioso, ¿cómo mirar a Daiki a la cara a partir de ahora?

- Se te va a quemar la cena. – avisó el mayor entrando en la cocina. El menor dio un pequeño bote, no pensaba escuchar la voz del mayor. Abrió los ojos a la vez que contenía la respiración. – A propósito, ¿qué haces así? ¿Se te ha caído algo? – preguntó a la vez que se agachaba con él. Yamada vio eso, sintió el rostro del mayor cerca del suyo y nuevamente se le subieron los colores.

- ¡No es nada! – se irguió rápidamente y movió la cacerola para airear las verduras. Miraba fijamente el agua para no tener que mirar a Daiki. Éste se levantó y se dirigió a la mesa para sentarse y mirar como el otro hacía la cena.

Yamada estaba incómodo ya que sentía la penetrante mirada del mayor en su espalda. Trató de buscar algo con lo que distraerse y lo encontró.

- Hoy. – comenzó pausando para que el mayor pusiese atención. – Mientras iba a hacer la compra un chico me ofreció trabajo. – comentó entusiasmado mientras se giraba y sonreía al dueño de la casa.

- ¿Ah, sí? ¿Y de qué es? – preguntó él interesado también, Yamada llevaba tiempo buscando trabajo y al fin recibía una oferta. El menor ensanchó la sonrisa al ver que tenía la entera atención del casero.

- Dependiente de una tienda de ropa. – Daiki entendió el por qué le ofrecían ese trabajo, el menor le gustaba bastante ir a la moda y saber cuáles eran las tendencias. Miró al menor que parecía estar orgulloso del trabajo, seguramente vivir en una casa gratis le resultaba incómodo.

- Me alegro. ¿Cuándo tienes la entrevista? – su interés era notorio. Saber que Ryosuke estaba feliz le hacía feliz a él también. En esos meses que habían convivido juntos se habían cogido mucho cariño, aunque algunas veces reñían por tonterías o Daiki tratase de incomodar al menor, conseguían resolverlo. Eran muy buenos amigos, aunque últimamente la tensión sexual estaba en el aire, Yamada no se había dado cuenta. Pero él, era un experto cuando al tema se trataba.

- La semana que viene. – respondió el castaño orgulloso. Ahora podía aportar algo de dinero a la casa, para él ocuparse de la compra y los quehaceres no era bastante, tenía que aportar algo más. Aunque Arioka nunca le había pedido nada y mucho menos su parte de la casa.







El día siguiente amaneció tranquilo, algo frío pero era lo que tocaba, cada vez se adentraban más en el otoño, aunque últimamente el cambio climático estaba haciendo de las suyas. Daiki se desperezó en su cama a la vez que gemía, un importuno rayo de sol había chocado contra sus párpados consiguiendo incomodarle y así, despertarlo.

Se levantó para después fijar su vista en el despertador para saber la hora que era. Bastante temprano para la hora a la que habituaba despertar, normal, así tenía el sueño que tenía. Salió de la habitación dirigiéndose hacia el piso inferior. Al pasar por al lado de la puerta de Yamada escuchó varios golpes, también como caían las cosas al suelo, poniendo en alerta al dueño de la casa, temiendo que algo le pasase al menor.

- ¿Yamada estás bien? – preguntó antes de entrar, tampoco quería importunar así que lo correcto era cerciorarse de que el inquilino estaba bien. No obtuvo respuesta lo que le alarmó aún más, aumentando su nivel de preocupación. – Voy a entrar. – avisó para después abrir.

Miró alrededor, la habitación estaba a oscuras pero podía notar perfectamente que todo estaba revuelo. Buscó rápidamente al dueño de la habitación, rodó su mirada de una esquina a otra, pero estaba bastante oscuro, no conseguía distinguir la silueta del menor.

- ¿Yamada? – volvió a llamar una vez que entró y cerró la puerta detrás de él. Tenía intención de dirigirse a las cortinas y moverlas para que entrase la luz, o por lo menos encender las luces.

Solamente silencio a su alrededor, sabía que el menor tenía que estar por alguna parte, no se pudo haber esfumado del lugar por arte de magia. Caminó un poco con temor de no pisar nada y menos a Ryosuke.

- Dai-chan… - escuchó la débil voz del castaño cerca de su persona, provenía del suelo lo que le llevaba a la conclusión de que estaba sentado en el suelo. Sintió próxima la voz, así que estaba cerca.

Se acercó a las cortinas rápidamente y las movió teniendo así una mejor vista del lugar. Todo revuelto, la ropa amontonada encima de la cama y esparcida por el suelo, los zapatos disparejos y repartidos por toda la habitación, la cama revuelta… y por último, Yamada en una esquina sentado en el suelo, abrazando sus piernas, hecho un ovillo. No entendía qué pasaba. Caminó rápidamente hacia al menor que estaba pidiendo a gritos un cálido abrazo y él no se hizo esperar, se arrodillo a su altura y le abrazó. Sintiendo su rostro empapado de agua salina.

- ¿Qué ha pasado? – su preocupación se palpaba. El inquilino se aferraba a su persona desesperado, falto de cariño, desconsolado… Arioka giraba la mirada por todo el lugar desconcertado.

El menor guardó silencio, era muy doloroso, pero tenía que contarlo. Solamente recordarle le hacía sentir triste y furioso, no sabía de dónde salía la furia pero la sentía. Tal vez era la impotencia de no haber podido hacer nada.

- Hoy, hace un año de la muerte de mi madre. – sentenció el menor enterrando su rostro en el arco del cuello del mayor quien abrió los ojos desorbitado, él no sabía nada de que la madre estaba muerta. A decir verdad, Ryosuke no hablaba mucho sobre su familia y ahora comprendía un poco el por qué.

Daiki quedó en silencio, no sabía que decir. Era la primera vez que no quería romper un silencio, aunque era incómodo no sabía qué decir así que optó por no decir nada. Apretó más a Yamada tratando de transmitirle la pena. Estuvieron un tiempo así, hasta que sintió que el menor dejaba de llorar y se tranquilizaba.

- ¿Estás mejor? – preguntó separándose un poco del cuerpo del menor, lo suficiente para poder mirarle a la cara. Barrió algunas lágrimas que rodaban por las mejillas del menor y trató de sonreírle tranquilizadoramente.

- Sí, gracias. – se despegó completamente del cuerpo de su casero y se secó las lágrimas que aún empapaban sus mejillas. Sus carrillos se tiñeron de rosa al recapacitar lo que había pasado. Daiki había visto la horrible cara que ponía cuando lloraba. Se mordió el labio inferior nervioso. – Lo siento. – dijo, sentía la necesidad de disculparse por su comportamiento.

- ¿Eh? – escuchó la voz algo aguda que puso al sorprenderse. Sonrió, la voz del dueño de la casa era muy peculiar, demasiado dulce o aniñada para la personalidad que tenía. – ¿Por qué te disculpas? –

- Porque has tenido que soportarme. – respondió jugando con sus dedos, estaba nervioso, había llorado en frente de él y eso le causaba pudor, demasiado. Siempre había tratado de no expresar sus sentimientos para que su hermana menor no se preocupase y era la primera vez que lloraba delante de alguien.

- Pero no ha sido ninguna molestia, no tienes que preocuparte. ¿Para eso están los amigos no? – limpió por inercia las mejillas del menor a la vez que le sonreía cálidamente cerrando sus ojos a causa de la sonrisa. Ese gesto dio un vuelco al corazón del menor que abrió los ojos.

- ¿Somos amigos? – su sorpresa era notoria, tanto que el mayor despegó la mano del rostro del menor y quitó la sonrisa. Yamada le miraba con los ojos ligeramente abiertos, no esperaba escuchar eso.

- ¡Pues claro que sí! – se irguió ya que se le habían dormido las piernas al haberse sentado encima de ellas. – ¡Me ofendes, Yamada! – se dirigió a la puerta y le miró. – Yo me ocuparé del desayuno, tú dúchate y… – dio un vistazo por toda la habitación. – Ordena la habitación. – le sonrió y salió cerrando la puerta detrás de él.

Yamada rodó la mirada por su habitación, ciertamente tenía que ordenarla, la había dejado patas arriba. Miró a la nada recordando el motivo por el cual su habitación se hallaba en ese estado.

Su madre, su preciada y amada madre hacía un año que ya no se encontraba con él, hacía un año que no la veía, que no escuchaba su preciosa voz, que no le sonreía… tanto la echaba de menos. Siempre la recordaba y la tenía presente, y desde que ella se había ido de su lado todo había ido de mal en peor. Su hermana mayor había entrado en estado depresivo, no hablaba con nadie, no salía y mucho menos trabajaba. Por lo que se vio obligado a buscar él trabajo también. Para su hermana pequeña también había sido un duro momento pero se recompuso rápidamente centrándose en sus estudios, alegando que eso alegraría a su madre y forjaría un mejor futuro para ellos. Él… simplemente llevaba todo el peso de las tareas domésticas y trabajaba, mucho tiempo atrás había dejado sus estudios al enfermar su madre.

Y cuando parecía que levantaban cabeza; que su hermana pequeña iba muy bien en los estudios y se había dado el lujo de buscar un trabajo a jornada parcial. Que su hermana mayor volvía a ser la misma, buscaba trabajo también y había conocido a un buen hombre. Y él conseguía bastante dinero en su trabajo. Unos hombres extraños aparecieron en su casa cuando estaba solo y le llevaron lejos de su casa, ni si quiera se pudo despedir de sus hermanas. Esos hombres trabajan para Inoo, quien le explicó que su padre se había endeudado con ellos, que les debía más de un millón de yens y que él estaba ahí para saldar la deuda. Esa situación le causó gracia, él no conocía a su padre, siempre había sido el único hombre de la casa, siempre habían estado ellos cuatro solos. Y ahora se encontraba en esa situación a causa de un hombre que no conocía de nada. Le trataron como a un trapo, le tuvieron encerrado durante más de tres meses, sin salir de esas cuatro paredes, recibiendo amenazas, palabras de odio y palizas.

Pero, gracias a Dios un día vio la luz. Inoo abrió una vez la puerta de su “habitación” para anunciarle que cambiaba de municipio que se iría a vivir con un amigo suyo. Durante el trayecto temía por su nuevo “casero”, temía que fuese igual que Inoo con los mismos hombres que le trataban mal, temía volver a recibir palizas. Pero no fue así, Daiki le trató amablemente aunque al principio había sido obligado a hospedarle, rápidamente cogieron confianza. AL principio le resultó incómoda la convivencia, estaba acostumbrado a estar encerrado a no hablar con nada y que cuando le llamaban le hacían lo peor.

Pegó un puño, ¿por qué había recordado todo ese año? Nada bueno había sido ese año, ninguna cosa buena. Y todo porque la persona que más había querido se había ido de su lado, aunque… pensándolo fríamente. ¿Cómo hubiese reaccionado su madre si siguiese viva y él hubiese desaparecido? Sus hermanas aún no sabían nada de él, ya hacía casi un año que no las veía. ¿Cómo estarían? ¿Su hermana mayor habría conseguido casarse con ese gentil hombre de hacía tiempo? ¿Su hermana pequeña habría entrado a la universidad? Seguramente que sí…

- ¡Yamada! – escuchó del piso inferior. Abrió los ojos que estaban empañados de lágrimas, ni cuenta se había dado de que había empezado a llorar. Se secó rápidamente las lágrimas y se irguió.

- ¿Qué? – asomó la cabeza al pasillo para que el otro le escuchase.

- Ya está el desayuno, baja. – la voz de su casero era muy peculiar. Aparentaba ser alguien de fuerte personalidad, que no se deja dominar… pero en cuanto abría la boca lo perdía todo. Sonrió ante ese pensamiento.

- Ahora bajo, un momento. – respondió entrado de nuevo a su habitación. No había hecho nada, ni se había duchado ni ordenado la habitación. Suspiró cansado, tendría trabajo para ese día.

Primero se metió a la ducha, ya luego ordenaría. Se relajó bastante, la ducha siempre le había ayudado. Bajó al primer piso para desayunar, allí le esperaba Arioka sentado a la mesa y sin probar bocado.

- ¿Aún no has desayunado? – preguntó al ver que el plato del mayor estaba intacto. El otro negó con la cabeza.

- Te estaba esperando. – contestó haciendo que el corazón del menor saltase de nuevo. No comprendía qué le pasaba. Su corazón siempre se estrujaba cuando Daiki se comportaba dulce con él. ¿Qué era?



*Fin de la primera parte.*

Me temo que la segunda parte aún no la puedo publicar, no la tengo terminada todavía. Sé que dije que las publicaría cuando las acabase las dos, pero no quería dejarlas sin publicar nada... u_u
¿He avanzado muchas cosas no? ¿Qué tal ha quedado? ¿Les gustó? ¡Háganmelo saber!

¡Mimi-chan destaa~!  

lunes, 11 de noviembre de 2013

Only you. [Capítulo once]

¡Buenas! Aquí dejo el siguiente capítulo, ya que ha pasado el fin de semana he tenido algo de tiempo (escaso pero tiempo) y he acabado el capítulo trece (ya sabéis que voy dos capítulos por delante) así que hoy toca continuación.
¡A las que comentáis muchísimas gracias de nuevo! >________< Soy inmensamente feliz cuando leo vuestros comentarios por pequeños que sean *3* ¡Me animáis un montón! ¿Tal vez sea por eso que escribo más? ^^
Tengo que ponerme a acabar la segunda parte del último cap del threeshot... u_u muchas cosas y poco tiempo. Pero bueno, ya veré lo que hago ^^

¡Aquí tenéis el cap!
¡Espero que os guste!
¡Douzo~!



Parejas: Ariyama, Yamajima, Okajima, Yabuhia, Takanoo, Chiitaro.



Capítulo once.



Ya habían llegado todos a la gran casa de la playa de la familia Takaki. No podían evitar pensar que realmente la familia de Yuya tenía mucho dinero. Demasiado. Siempre lo habían sabido, pero hasta hoy no lo habían confirmado del todo. Ya que Takaki desde hacía algún tiempo vivía solo. Bueno, ya le habían conocido viviendo solo. Los padres estaban todo el día trabajando, y cuando no, tenían que irse a otro país por asuntos de negocio. Y habían optado por alquilarle un apartamento a su hijo y así no sentirse mal.

Yuya nunca le había dado importancia al asunto de sus padres. O tal vez sí, pero con ellos nunca lo manifestaba. Nunca se quejaba, ni tenía una mala palabra hacia ellos. Simplemente decía que ellos habían sacrificado muchas cosas por el bien de él. Los demás comprendían eso. Lo cierto era que los padres de Takaki, cada vez que tenían oportunidad, estaban con él o le llamaban todos los días. Y varias veces al día.

Todos miraban la casa sorprendidos. Era enorme. Cabía todo el apartamento de Daiki en una sola habitación de esa casa. Por no contar las maravillosas vistas que tenía. La playa quedaba a menos de diez minutos de la casa. Estaba muy cerca. Mucho. Cosa que les sorprendió y agradecían. Así no tendrían que caminar mucho, que con las olas de calor que haría ese verano, poco les apetecía tener que caminar.

Poco tiempo después fue el turno de elegir habitación. Había solamente dos grandísimas. Que también habían quedado maravillados con ellas. Ambas habitaciones eran igual de grandes, e igual decoración. Ambas tenían una puerta corredera de cristal que las llevaba al camino de la playa, y desde ellas se podía ver la playa. Tenían unas vistas realmente hermosas.

Al final decidieron que los mayores dormirían en una, mientras que los pequeños en la otra. Como eran iguales, no había problema por quién se quedaba con la habitación grande. A Daiki esto no le pareció bien. No le gustaba la idea de dejar a Yamada y a Yuto en una misma habitación. Pero así eran las cosas y tendría que aguantarse. Y la idea de que durmiesen por más de un mes en una misma habitación tampoco le parecía muy tentativa.

Sorprendentemente, ambas habitaciones estaban equipadas con cinco camas. Todos quedaron sorprendidos por la capacidad de organización y lo atento que era Takaki.

- ¿Lo has preparado todo? – preguntó sorprendido Hikaru mientras dejaba la maleta al lado de la que sería su cama durante el resto del mes. Takaki sonrió y asintió. – Increíble… – susurró sorprendido Yaotome.

Todos imitaron a Hikaru y dejaron las maletas al lado de sus respectivas camas. Poco tiempo después pasaron a la sala principal y ahí se sentaron a esperar al resto. Estaban cansados, el viaje había sido de seis horas. Y seis horas sin hacer nada… era cansino.

Poco tiempo después aparecieron los pequeños del grupo. Al parecer habían tardado por decidir quién dormiría en cada cama. Chinen quería dormir al lado de Yamada y Yuto también, pero Yamada quería dormir al lado de la pared, lo que solamente dejaba un lado. Al final acabó accediendo Yuto ante la insistencia de Chinen.

Todos suspiraron ante la obviedad del asunto. El pobre Yuto tendría que dormir alejado de Yamada… pero ese asunto había alegrado a Daiki. Aunque estaba mal admitirlo, se alegraba de que Chinen hubiese conseguido el sitio al lado de Yamada.

Decidieron ir a dar un paseo por la playa. La brisa fresca relajaba a los paseantes. El ruido de las olas complementaba aún más la relajación. Además del calor que era buen acompañante. Hablaron distraídos, contentos, relajados. Estaban entusiasmados por el mes que pasarían allí.

Después del tranquilo paseo entraron otra vez a la casa. Era hora de cenar, vaya que el tiempo vuela cuando uno se divierte o se relaja. Yamada se ofreció a cocinar, después de todo era su mayor hobby. Takaki le acompañó, pero al contrario que Yamada, a él le gustaba comer. Aunque también sabía algo de cocina, le podría ayudar en algo. Los demás fueron preparando la mesa. Decidieron comer en la terraza, pues apenas estaba anocheciendo y la brisa que tiraba era realmente deliciosa. Sin duda cenarían a gusto. Porque si hubiesen decidido comer dentro se asarían de calor.

Solamente Chinen, Okamoto, Daiki y Yabu estaban preparando la mesa. Daiki ponía el mantel y los cubiertos, Yabu traía las bebidas y los aperitivos, Chinen los vasos y los platos, y Keito ponía las sillas y las servilletas.

Ryutaro, Hikaru, Inoo y Yuto decidieron ir a ducharse, así para después de la cena no sería más tedioso esperar turnos para ducharse todos. Además de que Inoo y Hikaru se habían dedicado a mojarse con el agua del mar. Y Ryutaro y Yuto simplemente querían refrescarse. Aunque los demás les habían dejado marchar (porque pensaban que trataban de escabullirse de hacer algo) con la condición de que luego fuesen ellos quien quitase la mesa.

Cenaron en tranquilidad y entre risas. Tal parecía que la convivencia iba a ser buena.

Aunque Inoo aún estaba algo incómodo. Miraba de vez en cuando de reojo a Takaki, sin que el otro se diese cuenta. No sabía de dónde había sacado esa faceta tan tímida que estaba sacando a relucir ahora. Se desconocía a sí mismo. Solamente una vez se toparon sus miradas (la de Takaki e Inoo) y sintió su corazón alocado. En milésimas de segundo su ritmo cardíaco aumentó considerablemente, tanto que pensó que se saldría del pecho. Ese acto desconcertó al moreno. Hacía tiempo que no experimentaba ese nerviosismo. Solamente una vez había sido, años atrás y con la misma persona…

Después de cenar como habían acordado Inoo, Ryutaro, Hikaru y Yuto recogieron la mesa. Se encargaron de quitarlo todo, servir las tazas y preparar el té. Tenían pensado quedarse un poco más. La noche estaba muy agradable como para desperdiciarla. Además de que estaban pasando un rato muy ameno.

- Aquí está el té. – anunció Hikaru mientras todos los demás le miraban atravesar el umbral de la puerta de la terraza. Sonrieron. Sí, era un rato muy ameno. Esperaban que así fuese el resto de los días.

Todos esperaron a que Hikaru sirviese el té en las diez tazas y comenzaron a beberlo tranquilamente. No había prisas. Solamente disfrutar el momento todos juntos, como hacía años. Realmente ahora podían decir que habían vuelto. Esos días de felicidad, experiencias, amistad, cariño, libertad… habían vuelto. Volvían a estar completos.

- ¿Por qué no hacemos mañana una excursión? – preguntó Takaki con un tono entusiasta y una radiante sonrisa. Parecía que disfrutaba organizando cosas. Y los demás también. Ya que normalmente los planes de Takaki eran muy acertados y les gustaba a todos.

- ¿Una excursión? – preguntó extrañado Chinen mientras sorbía un poco de su té. – ¿A dónde? – estaba interesado en su oferta. La verdad es que era tentadora. Además de que no se iban a quedar todo el mes allí metidos en esa casa.

- Podemos ir a la ciudad, conocer un poco esta parte del país. – explicó Yuya entusiasmado. Los demás meditaban sus palabras. La verdad es que era un plan bueno. Nunca estaba de más conocer más sitios.

- ¿Por qué no? Un poco de turismo no nos vendría mal. – habló Inoo contento, tal parecía que el entusiasmo era contagioso. Los demás se miraron entre ellos. Aún meditando del plan.

- Cierto. – apoyó Yamada. – Ya que estamos aquí, aprovechémoslo. – sonrió ampliamente. Daiki se quedó mirando esa sonrisa. Instintivamente sonrió también. Con esa hermosa sonrisa no parecía tan malo el plan. Aunque tenía que negarse. No podría estar todo el día de turismo, tenía que protegerse del sol.

- Yo no creo que vaya. – sentenció decidido y algo triste Arioka. Le dolía tener que perderse ese momento con ellos, pero ante todo estaba la salud. No quería rehusarse, pero tenía que hacerlo. Hay veces que te tienes que oponer a cosas que quieres, y eso lo sabía bastante bien.

- ¿Por qué no? – preguntó extrañado Yabu. Normalmente Daiki solía apuntarse de cabeza a cualquier plan, no solía oponerse a nada divertido. Y esta ya era la segunda vez que dudaba sobre acudir a algún sitio. Comenzaba a preocuparse.

Daiki no sabía qué decir. No quería contarles para que no cambiasen los planes a causa de él. Tampoco quería condicionarles a la hora de proponer cualquier cosa. Pero no se le ocurría nada. Ninguna escusa venía a su mente para salvarle de ese apuro. Miró sus manos apoyadas en sus piernas, le sudaban. Estaba nervioso. Todas las miradas de los presentes estaban puestas en su persona. Tragó fuertemente. Podía sentir las miradas pesadas y preocupadas encima de él.

- No creo que pueda despertar. – no sonó del todo convencido. Pero es que esa escusa no se la creía ni él. Era muy absurda. Levantó la mirada y sonrió, tratando de que le creyesen con esa sonrisa. Se alivió al ver que algunos sonreían. Pero había otros como Yabu o Yamada que le seguían mirando extrañados. Claramente, no se habían creído la respuesta.

- Tranquilo. Yo puedo despertarte. – comentó Takaki tratando de restarle importancia al asunto de dormir. Arioka suspiró al ver que no había funcionado. Bueno, no se podía negar, además de que tampoco se le ocurría otra escusa. Se pondría un gorro y crema solar, y por si las moscas, andaría por la sombra.

- Vale iré. – susurró derrotado. No quería seguir sintiendo todas las miradas encima de él. Además de la incomodidad del asunto. Tragó fuertemente de nuevo. Tenía que ir pensando alguna escusa para las próximas veces.

Yamada seguía extrañado. Ya era la segunda vez que Daiki se negaba a participar en actividades del grupo. ¿Sería para no tener que verle a él? Ese pensamiento le entristeció. No sería por eso, ¿verdad? Si fuese así se sentiría terriblemente culpable. No quería condicionar la vida de otra persona, pues bien sabía que Daiki le encantaban las actividades con el grupo. Pero no por eso dejaría de ir él con el grupo. Aunque bueno, eso solamente eran cavilaciones suyas, no había nada cierto todavía.

Después de eso planearon entusiasmados la actividad del día siguiente. Daiki aún seguía incómodo y no había participado nada en la conversación. Yamada de vez en cuando le miraba preocupado. Quería hablar ese tema con él, pero no se atrevía. Tampoco sabía cómo hablarlo con él. Suspiró pesadamente ante su confusión llamando la atención de Yuto, que estaba sentado a un lado de él.

- ¿Pasa algo, Yama-chan? – preguntó interesado. Parecía que el mayor estaba agobiado, como dudoso o preocupado por algo. Haciendo que él también se preocupase. El aludido subió la mirada para posarla en el preocupado rostro de su novio. Sonrió tratando de tranquilizarlo.

- No, no pasa nada. – ensanchó la sonrisa. Cosa que tranquilizó al moreno. – Solamente estoy entusiasmado por lo de mañana. – mantuvo la sonrisa para que Yuto no se preocupase más. Yuto sonrió asintiendo a las palabras del castaño.

- Sí, yo también. – exclamó totalmente contento. Pasar tiempo con sus amigos era un verdadero placer, y más después del tiempo que estuvieron separados.

Fueron marchando poco a poco para la cama. Algunos estaban cansados, otros simplemente querían dormir como era el caso de Chinen. Ahora que estaba de vacaciones podría dormir más tiempo que era lo que más le gustaba. Solamente quedaron Inoo, Takaki y Yabu. El mayor de todos seguía sentado en la silla leyendo un libro. Según él ese era una buena noche para un buen libro. Los otros dos no entendieron a qué se refería puesto que no leían asiduamente.

Estaban en silencio. Yabu concentrado en la lectura. Los otros dos no sabía de qué hablar. Era muy incómodo. No habían vuelto a hablar desde el caliente incidente. Grato para los dos, pero incómodo de llevar. Cada uno miraba en dirección opuesta. Ese tenso ambiente llegó a incomodar a Kota también.

- Podéis hablar. No me interrumpiréis la lectura, tranquilos. – estaba acostumbrado a leer con sus sobrinos revoloteando alrededor. Se había acostumbrado a leer con ruido. Y él pensaba que los otros dos estaban en silencio para no molestarle.

Los otros dos asintieron pero aún así no hablaron y el silencio volvió a reinar. Incomodando de tal manera al mayor de los tres que decidió marcharse para leer en la habitación. Dejando a los otros dos completamente solos. Haciendo la situación más incómoda.

- Bueno… - susurró Inoo tratando de iniciar una conversación. Este era el momento perfecto para hablarle sobre llevar el tema con naturalidad. Eran dos adultos que se habían acostado, algo normal en la sociedad de hoy en día.

- Creo que me voy. – la áspera voz de Takaki erizó el bello del moreno, haciendo que levantase la mirada. Viendo cómo el mayor se marchaba entró en pánico. Tenía que hablar con él. Y seguramente que no tendría otra oportunidad para ello.

- ¡Espera! – elevó el tono de voz a la vez que se levantaba súbitamente de la silla. El otro se giró sorprendido por el grito que había pegado Inoo. Tenía los ojos abiertos. – Necesitamos hablar. – en su tono se podía notar el nerviosismo que tenía. Tragó fuertemente mirando a Takaki fijamente. No comprendía cómo el castaño estaba tan tranquilo, ¿sería que no es la primera vez que se encuentra en esta situación? A lo mejor eso era. A lo mejor ya había tenido varios deslices.

- Hablemos entonces. – sonó severo. Pero la verdad es que estaba tan nervioso, o más, cómo Inoo. Solamente no sabía de dónde había sacado la fuerza o voluntad para parecer tan tranquilo. Volvió y se sentó en donde estaba antes y esperó a que el otro hablase.

- Verás… - titubeó un poco. No sabía cómo comenzar la conversación. – Creo que lo mejor sería hacer como si no hubiese pasado nada. – susurró alto para que el otro le escuchase. ¿De dónde había sacado esa naturaleza tímida? ¡Él no era así! O por lo menos eso creía hasta hace poco…

Takaki meditó las palabras. Tenía razón. Eso era lo mejor. Aunque le dolía, pues él tenía la esperanza de que se volviese a repetir, ser eso que se llama “amigos con derecho”. Pero tal parecía que Inoo no quería verse involucrado de esa manera con él y le dolía. Miró el suelo entristecido. ¿Qué le pasaba? Hacía tiempo que había dejado los sentimientos de Inoo apartados. A lo mejor era eso, los había dejado apartados pero no olvidados. Y parecía que ahora estaban saliendo a flote.

- Tienes razón. – se levantó de golpe. – Es lo mejor. Como si nada hubiese pasado. – el malhumor le subía desde sus puños apretados fuertemente, hasta su mandíbula, la cual tenía tensa. Inoo le miró preocupado. Esas palabras le habían dolido, las había dicho con un tono… rencoroso. Como si se arrepintiese de haber compartido fluidos con su persona.

Inoo le vio marcharse, sintió temor. No quería que se fuese enfadado, tal vez se había expresado mal o algo que le había hecho molestarse. Se levantó apresuradamente y corrió hacia él, por suerte aún no había salido de la terraza, lo cual les daba algo de intimidad. Le cogió de la muñeca y le detuvo. Pero el mayor no se giró a mirarle. Kei pudo notar como el castaño apretaba el puño. Sí, estaba enfadado.

- Takaki… - susurró. El mencionado abrió los ojos sorprendido. Ese susurro… le incitaba. Le llamaba a continuar lo de la otra noche, a volver a sentir el cuerpo de Inoo retorcerse de placer bajo el suyo.

Se giró rápidamente y empotró a Inoo en una pared cercana. El moreno tenía los ojos abiertos, sorprendido. ¿Qué estaba pasando? Takaki le tenía acorralado entre su cuerpo y la pared. Le miraba intensamente, respiraba agitadamente y tenía una pierna entre las suyas. Instintivamente se mojó los labios con la lengua, los tenía secos, y tragó saliva. Pero no sabía que eso incitaba aún más al mayor que se moría por besarle. Miró fijamente los carnosos y blanquecinos labios del moreno. Se aproximó al rostro del menor que le miraba intensamente.

Y finalmente le besó.

Ambos deseaban ese contacto que comenzó lento, pero que poco a poco aumentó la intensidad. Ambos disfrutando el contacto. Respiraban acompasados, transmitiendo sentimientos, no sabrían cuáles pero algo se transmitía. La lengua del castaño se adentró en la cavidad de Inoo, gesto que éste le permitió, profundizando el beso.

- Inoo-chan, Takaki… - susurró alguien al otro lado de la puerta que para desgracia de los mayores era transparente, dejando ver lo que hacían ellos.

Ambos se separaron rápidamente mirándose fijamente para después mirar al intruso. Estaban escandalizados, alguien les había descubierto.

- ¿Qué… hacéis? – preguntó completamente sorprendido Chinen que se había levantado a por un vaso de agua.

Y esto solo acababa de empezar… 



*Fin del cap.11*


Bueno, pues aquí tenéis el capítulo. Tengo que decir que me está resultando algo difícil eso de escribir a los diez personajes en una misma casa xD Pero está siendo entretenido hacerlo, además de las parejas... xD Pero bueno, creo que no está quedando del todo mal ¿no? 
¿Qué tal? ¿Os ha gustado? 
Quiero decir que el motivo de marchar Daiki y lo de que se rehuse a hacer ciertas actividades van ligados... ^^

¡Espero que os haya gustado!
¡Hasta la próxima!
¡Mimi-chan destaa~!

martes, 5 de noviembre de 2013

Only you. [Capítulo diez]

Bueno, aquí dejo el capítulo diez antes de que se me acabe el tiempo xD Esto quiere decir que ya he acabado el capítulo doce. Sé que he tardado en acabarlo, tampoco es que sea tan largo (al doce me refiero) pero no tenía tiempo. Y justo ahora me he dicho, bueno, pues me pongo a ello antes de que mi tiempo se agote. Y así fue, me puse la música que tengo en el blog y a ello me puse, lo conseguí acabar y aquí os lo traigo. ^^


Sé que hay pocas personas que leen este serial ya que las parejas no son muy comunes, pero a las que lo leen y comentan ¡me alegran mucho sus comentarios! Porque ya que a mi me gusta escribir este fic, que sea valorado y comentado me hace muy feliz >_< ¡Muchísimas gracias! ^^




Parejas: Ariyama, Yamajima, Okajima, Yabuhika, Takanoo, Chiitaro.

Capítulo 10






Takaki meditaba las sensaciones que había sentido cuando vio a Inoo esa misma tarde. No sabía de dónde había sacado la fuerza para enfrentarse a semejante situación. Era violento tener que mirarle a la cara. Ya que cada vez que lo hacía la imagen se distorsionaba y cambiaba por otra completamente diferente y mucho más… íntima.

Aún no sabía cómo habían llegado a esa situación el fin de semana pasado. Ni si quiera recordaba los momentos previos a que el “acto” se produjese. Sabía que se habían confesado mutuamente que en el pasado se habían gustado. Después se pusieron con los ejercicios otra vez. Pero después de eso nada. Recordaba vagamente que se habían mirado intensamente. Y al acto siguiente le tenía estremeciéndose debajo de él.

Poco a poco el momento íntimo llegaba a su memoria. Por suerte o desgracia, se acordaba de prácticamente lo que conllevaba el “acto”.



*Flash Back.*



Inoo miró intensamente a Takaki. A la vez que se mordía el labio inferior. Tratando de reprimir un repentino beso que quería robarle. Para Yuya era lo mismo. Solo que lo disimulaba con un nervioso movimiento del portaminas. Sin mirarle. No sería capaz de contenerse si lo hacía. Por el contrario Inoo no se contuvo. Se apoyó sobre la mesa, para eliminar el espacio que había entre ellos y le beso. Takaki abrió los ojos pero correspondió intensamente. Como demandaba el beso.

Después de lentos y tímidos movimientos sobre los labios del otro. Yuya se atrevió a adentrar su lengua en la cavidad del moreno. Boca que le recibió gustosa y ardiente. Ambas lenguas se abrazaban y se transmitían la tensión sexual que había entre ellos. Desde que se confesaron los sentimientos pasados.

Kei se inclinó aún más sobre la mesa para recargar algo de peso sobre el mayor. El otro pasó la mano por la nuca, acariciando el negro cabello, y le atrajo aún mas hacía él. Aún había mucho espacio entre ellos. Kei rompió súbitamente el beso y le miró fijamente, transmitiéndole el deseo que sentía. Yuya no se aguantó y le cogió del brazo a la vez que se levantaba. Tiró de él hacia su cuerpo y le obligó a caminar por encima de la mesa que les separaba. El mayor caminó unos pasos para dejar algo de espacio a los blanquecinos pies del moreno.

Una vez que estuvieron lo suficientemente cerca, se besaron con aún más pasión. Takaki se aferraba a la cintura del moreno, que acariciaba los largos cabellos castaños del mayor. Se besaban intensamente, moviendo los labios rápidamente, con urgencia, con pasión. Tratando de mostrarse mutuamente el deseo que se tenían.

Inoo empujó a Takaki para que cayese de espaldas en la mullida cama. Quedando él sobre el mayor, sentado sobre las caderas del castaño. Seguían besándose fogosamente. A la vez que Yuya le desabrochaba la camisa a Kei y éste le desataba el pantalón. Con urgencia. Ambos querían estar ya desnudos y consumar. Un deseo incomprendido nació de ambos cuerpos. Ambos tenían las mismas ganas de sexo.

Antes de que se diesen cuenta Inoo ya galopaba encima de Takaki. Saltaba encima de sus caderas, mientras Yuya masajeaba el miembro duro de Inoo, quien no hacía más que gemir y estremecerse. En un cambio de posturas, el castaño quedó encima del menor. Poco tiempo después ambos llegaron al clímax, soltando un gran gemido de placer y gozo. Quedaron rendidos sobre la gran cama de Yuya.



*Fin del Flash Back.*



- Inoo-chan… - susurró Daiki completamente sonrojado. – No hacía falta que me dieses tantos detalles. Ahora no podré mirar a la cara a Takaki. – regañó el menor ante la historia que le acababa de contar el pianista. Después de todos los detalles que le había dado el mayor podía decir con exactitud cuántos pelos en el pecho tenía Yuya.

- ¡Pues imagínate yo! – le tenía cogido por los hombros y le movió. Inoo estaba nervioso, no sabía qué iba a hacer. Era una situación que se escapaba a su intelecto. Esta tarde la había superado con éxito. Pero… ¿cómo haría para pasar un fin de semana entero con él? Se encontrarían todos los días… sería algo imposible.

- ¡Inoo-chan! – elevó el tono de voz Daiki. Seguía moviéndole, haciendo que se marease. Tuvo que gritarle para que parase. Inoo había quedado en silencio pero aún así seguía moviéndole de adelante hacia atrás. Posó sus manos en sus hombros y le paró el movimiento.

- ¿Qué hago Dai-chan? – preguntó una vez que paró. Bajando la mirada. Meditando bastante la situación en la que se encontraba. ¡Le daba mucha vergüenza encontrarse con Takaki! ¿A quién no en esta situación?

- ¡Cómo lo voy a saber, baka! – exclamó dándole un sorbo al té frío. Consiguiendo un poco de calma en su interior. Meditó alguna solución pero no encontró nada. Nunca se había encontrado en esa situación.

Hubo un tiempo de silencio. Cada uno parecía pensar en alguna solución. Pero a ninguno se le ocurría. A Kei ese silencio le parecía demasiado incómodo. No recordaba por qué habían llegado a eso él y Takaki. Seguramente habría una tensión sexual acumulada de años y había acabado por llevarles a esa situación.

- ¡Qué hago, qué hago, qué hago! – se rascó la cabeza exasperado de no encontrar una solución. Tampoco se reconocía a sí mismo. Nunca había perdido la calma. Siempre meditaba las situaciones. Pero claro, siempre había actuado premeditado y para una vez que se había dejado llevar… le pasaba esto.

- Siempre puedes actuar con normalidad. – habló por fin el castaño. Después de un tiempo y varias tazas de té, llegó a esa conclusión. Que a su parecer era la mejor. Inoo abrió los ojos sorprendido.

- Eso es imposible. – murmuró imaginándose las situaciones si hacía eso. Daiki ladeó un poco la cabeza, meditando la situación. Sí, sin duda esa era la única opción.

- Pero es lo mejor. – hizo una pausa en la que el moreno le miró expectante. Esperando a que siguiese hablando. – Trata de quitarle hierro al asunto. Ambos sois adultos, podréis sobrepasar esta situación. Ambos sois libres y no tenéis ataduras con nadie. Estáis en todo vuestro derecho de hacer con vuestra vida sexual lo que os plazca. – lo soltó. Más bien era un consejo hacia su persona que para Inoo. Más o menos podía comprender un poco el remolino de sensaciones de Inoo.

- Vaya, creo que tienes razón. – habló Kei una vez que meditó las palabras. Arioka tenía razón. Ambos eran adultos y si se habían acostado no tenía que repercutir en su relación. Además de que, como bien había dicho Daiki, ninguno tenía una relación ni ninguna atadura a nadie más.

- Creo que sería lo más correcto. – expresó el menor una vez que salió de sus pensamientos. Tratando de poner calma a sus revoltosos pensamientos.







Una vez que Inoo se fue, quedó Daiki solo con sus pensamientos. El acontecimiento con Ryosuke esa misma tarde volvió a su mente. Ya lo había dicho. Le había dado a entender al menor que ya no sentía nada por él, ¿era lo correcto no? Sabía cómo era el castaño. Sabía que estaría preocupado porque su historia no había quedado del todo resuelta, y que eso podría estar limitándole a la hora de la relación con Yuto.

Sonrió. Pero era una sonrisa triste. Fingida. No sentida. Sonreía para convencerse de que así las cosas estaban bien. Pero se sentía mal. Había mentido sobre sus sentimientos. Y ahora tendría que fingir delante de todo el mundo. Solamente una persona sabía de sus verdaderos sentimientos. Y ese era Inoo. Solamente él podía escucharle y no juzgarle.

Se echó encima de la cama rendido. Tantos acontecimientos en un solo día le agotaban. Quería cerrar los ojos y dormirse. Quería someterse a la ignorancia e inconsciencia del sueño. No pensar. No recordar. No torturarse.







Yamada por su parte llevaba un tiempo echado y en la misma postura. Esa noche no se había mandado mensajes con Yuto como todas las noches. El menor le había mandado uno como habituaba, pero no se sentía con ganas de contestarle. No mientras tuviese ese remolino de sensaciones que sentía. No le dejaban actuar y mucho menos pensar.

Una parte de él creía a Daiki y se sentía aliviado de haber escuchado eso por parte del mayor. Pues así no tendría ningún remordimiento. Tendría la conciencia tranquila, podría mirar a Arioka y a Yuto a la cara y sentir que no estaba traicionando a nadie. Pero por otra parte, le hacía enfadarse. Pues inconscientemente esperaba otra reacción por parte del mayor. También podía intuir que las palabras dichas por Daiki eran mentira. Pero no estaba seguro, porque podía ser cosa de su imaginación. Porque sabía que el mayor no haría o diría nada en contra de su voluntad. Entonces, ¿por qué seguía empeñado en pensar otra reacción? Daiki había dejado claro que se alegraba de su reciente relación… y aún así le habían dolido esas palabras.

- Esto es de locos… - susurró totalmente confundido. No entendía nada de sus sentimientos. Y no se sentía cómodo. Le gustaba tenerlo todo en orden. Pero ahora mismo, no podía poner nada en orden. Y le molestaba.









Rápidamente el tiempo pasó. Las vacaciones de verano habían llegado. Y con eso las ganas de disfrutar esos meses de libertad y despreocupaciones que experimentaban todos los adolescentes o jóvenes. Esa despreocupación que solamente puedes sentir cuando eres joven. Que no te preocupa nada más que divertirte y aprovechar el momento.

Al final todos habían accedido a la propuesta de Takaki. Incluso Daiki podía ir, cosa que le alegraba pues tenía varias limitaciones. Le sorprendió que sus padres le dejaran ir, pues él creía que no podría.

“Puedes ir. Pero asegúrate de no exponerte mucho al sol.”

Eso le habían dicho. Claramente lo cumpliría. Si su madre le había puesto esa condición era porque era necesaria. Y estrictamente necesaria, así que la cumpliría a rajatabla. Preparó la maleta al igual que todos sus compañeros. Habían decidido quedarse algo más que un fin de semana. Tal vez dos semanas o un mes entero. Ya lo decidirían cuando viesen la convivencia.

Ya que el alquiler les salió gratis, porque Takaki tenía una casa en la playa justamente en el sitio que habían decidido. Y eso supuso el mayor gasto aniquilado. Eso sí, tenían que ocuparse de la comida y la limpieza de la casa. Los padres de Yuya habían optado por no mandar asistentes ni contratar ninguno, querían darles un poco de responsabilidad a los chicos. Les parecía lógico al grupo, pues ya que les salía gratis el alquiler, tenían que poner algo de su parte. Y ya que iban a vivir allí durante bastante tiempo, era lógico limpiar lo que ensuciasen.

Cada uno hacía la maleta por su cuenta. Algunos se ocupaban más de unas cosas que otros. Por ejemplo; Keito se preocupó más por la crema solar que por la ropa, al contrario que a Yamada que le llevó más tiempo la ropa, por otro lado está Hikaru que llevó juegos de consola para divertirse, o Yabu que llevó varios libros para entretenerse… claramente, cada uno tenía una prioridad en la maleta. Habían quedado de encontrarse todos en la estación para así coger el mismo tren que los llevaría a la casa de Takaki.

Ryutaro se vio obligado a llevar los ejercicios de verano como condición de sus padres. Sonrió al cavilar que Chinen le ayudase en la tarea, pues varias veces había oído de Yuto que Yuri era bueno en los estudios. Tenía ganas de ese viaje.

Por otra parte, Yabu no tenía ni la menor gana por convivir con Hikaru. Eso le daba más oportunidades al menor de acecharle. Y tenerle molestando las 24 horas del día, durante más de dos semanas… le parecía insoportable. Pero aún así, tenía ganas de ese viaje, necesitaba desconectar un poco de la realidad que le rodeaba.

Daiki no es que tuviese muchas ganas de ir también. Vería a Yamada y a Yuto acaramelados, de eso estaba seguro. Puede que simplemente el hecho de verles compartir cosas… le doliese. No podía evitar sentir algo de celos también. Pero él así lo había querido, ahora él tendría que aguantarse. Además, que con la escusa de no tomar mucho el sol, podía escabullirse algo de tiempo y no verles.

Igual que Arioka se sentía Keito. Pero para él aún peor. Pues aunque tratase de no prestarle atención a la pareja, seguramente Nakajima vendría a contarle y a recordarle que estaban juntos. Le contaría cosas que habría experimentado con el castaño y él se sentiría aún peor. Menos mal que tenía un apoyo en Hikaru…

Chinen tenía ganas de este viaje. Muchas. Pasaría tiempo con sus amigos, se divertiría y seguramente conocería a alguien. O ese era el deseo que tenía. Porque no quería pasar mucho tiempo a solas con Ryutaro, sabía que si eso pasaba… bueno, no sería dueño de sus actos. Y tenía la certeza, de que el menor haría todo lo posible para molestarle. Pero aún así tenía muchas ganas de ese viaje. Algo le decía, que se lo pasaría bien.

Yuto y Yamada también tenían muchas ganas de ir. Seguramente compartirían muchos momentos juntos, recuerdos que luego añorarían, experiencias que les harían felices… muchos eran los motivos para esperar con ansias ese viaje. Además, qué mejor manera que con tú pareja y tus mejores amigos.

Hikaru esperaba mucho de ese viaje. Trataría de poner celoso a Yuto con Keito, claramente para ayudar al menor, él no tenía ningún tipo de interés en Nakajima. Y si ese plan también funcionaba con Yabu… mejor que mejor. Esperaba poder solucionar todos sus problemas en ese viaje, ya que el día daba para muchas cosas… No podía esperar, de las ganas que tenía, que llegase la hora de encuentro.

Takaki e Inoo… eran sentimientos contradictorios. Aunque las intenciones de Takaki en un primer momento de la propuesta eran otras que pasar tiempo con el grupo, a la vez no quería ir. Sabía que se encontraría con Inoo y eso le causaba un nerviosismo inusual. Al igual que en Inoo. Que aunque ya había encontrado la solución al problema, no podía evitar sentir nervios al saber que conviviría con Yuya. La pregunta “¿y si vuelve a pasar?” no paraba de rondarle la mente torturándole.



Aún así, la hora llegó. Y como siempre, unos llegaron antes de tiempo y otros impuntuales. Pero al fin y al cabo todos estaban ahí. Esperando por el tren que les llevaría a un viaje que cambiaría muchas cosas…


*Fin del cap.10*

¿Este es algo corto, verdad? A mí me lo pareció, pero bueno, las cosas interesantes me parece que vienen en las vacaciones de verano. Imagínense, 10 personas con sus diferentes pasados juntos en convivencia... ¿qué saldrá de ahí? ¡Pues ni idea! ¡Por qué solamente he escrito muy poco xDD!

¡Espero que les guste! ^^
¡Mimi-chan destaa~!